viernes 8 de abril de 2011

VOTARÉ VICIADO

Hace diez años me prometí dedicarme a la promoción cultural y desde allí intervenir con otra forma de hacer política: me dediqué a escribir y editar libros. Publiqué una colección de literatura peruana en la que cada uno de los títulos se vendía a un nuevo sol, con el ansia de educar a una población en su mayoría desvinculada con la lectura, ése era mi modo de hacer política. Yo no creo en los anarquismos, no creo en el comunismo, el anarquismo es una utopía y los comunistas del XX han leído pésimamente a Marx. Creo como Hayek que la civilización es fruto de inesperados y graduales cambios en los esquemas morales, y que por mucho que nos desagrade nos vemos obligados a concluir que el hombre no está al alcance de establecer ningún sistema ético que pueda gozar de validez universal, pero creo en las instituciones y en las leyes que pueden detener a sus instintos de animal y liberar al ser racional que aspira vivir en armonía en una sociedad segura sin la sombra de las tiranías y de las dictaduras. Yo no creo que el voto por Ollanta sea un voto de resentidos como consideran algunos, no olvidemos que casi todos los padres del socialismo eran miembros de las clases medias altas o profesionales, pero ¿qué motiva a un gran sector de la población a votar por este ex militar? Hay un descontento con el sistema, con la distribución de la riqueza, existe un desencanto casi generalizado por culpa de la corrupción que campea en todos los estratos del Estado. Entonces se presenta un Toledo con ese enorme pasivo que lo obliga a modular la voz para creerse a sí mismo, apoyado por el Grupo El Comercio, con toda esa artillería de medios: Perú 21, Gestión, América TV, Canal N, El Trome, con un avión facilitado por Dionisio Romero, el hombre más poderoso del Perú, económicamente hablando; con una campaña brutal que se apodera de todas las paredes y paneles de Lima y provincias, con propaganda en la televisión cada veinte minutos, con un diario propio (16), con señales de radio, entonces por supuesto que la población sospecha sobre qué oscuros intereses pueden movilizar esas ansias por llegar al gobierno. Ven a Castañeda Lossio con una candidata a vicepresidente que le compra a casi un millón de soles el cupo, con el caso Comunicore, con el informe presentado por Susana Villarán en el que se demuestra irregularidades en su gestión, con impresentables como Pacheco y Menchola en su lista al congreso, que por supuesto genera rechazo en la población. O a Keiko y todo lo que significa la corrupción del fujimorismo, el intento de retornar al poder de Luz Salgado, Carmen Lozada, Martha Chávez y Carlos Raffo, o la irracional intención de voto hacia Kenji, que por supuesto el electorado siente asco sobre esta elección. O ven a PPK y su alianza con el PPC liderado por Lourdes Flores la ex abogada de Cataño, la ex asalariada de Raúl Diez Canseco, ven a PPK y su alianza con César Acuña, el cuestionado alcalde de Trujillo que tiene postulando a toda su familia, observan a PPK y su alianza con Yehude Simon, responsable político de la tragedia de Bagua, a PPK y el pastor Lay, antiguo aliado de Fujimori; que por supuesto que hay un descontento generalizado con el sistema, ese sistema podrido a quien representan estos cuatro candidatos, entonces surge el antisistema, aparece el aliado bolivariano, y ofrece terminar con la corrupción y capitaliza ese descontento no solo de las clases populares, sino de la clase media (todavía tenemos clases) y de cierto grupo de intelectuales que sospechan que con él puede generarse un cambio y le depositan su confianza, y está primero en la intención de voto hasta la fecha. Yo no puedo votar por Ollanta porque no creo en un candidato que no es capaz siquiera de argumentar sus propuestas y defenderlas en un debate, no voy a meter a Chávez, no voy a referirme a los procesos judiciales que haya tenido, qué político no los tiene, no voy a referirme al pánico que le genera a los neoliberales, pero sí me pregunto qué ha hecho en el congreso su bancada y temo sí que un hombre sin carácter asuma las riendas de este país maltratado históricamente por aquellos incapaces que llegaron a Palacio para desollarnos la Patria. Confío sin embargo en el criterio de los electores al momento de enfrentarse con la cédula en la cámara secreta. Pienso que todo está dado para que iniciemos acciones por articular una organización que en vez de enfrentarnos nos una por un Perú que espera demasiado de nuestra generación: la generación del bicentenario. Finalmente, parafraseando a Bakunin, soy libre en la medida en que reconozco la humanidad y respeto la libertad de quienes me rodean. Yo votaré viciado.