Circula en Internet una carta, redactada, estoy seguro por un grupúsculo de escribas resentidos, quienes no encontraron mejor pretexto para enlodarme que los hechos ocurridos con el escritor Eduardo Leyton – Pérez, durante su reciente visita a Lima. La misma que ha sido suscrita por, hasta el momento, cincuenta personas, entre las que leo algunos nombres que me atrevo a pensar han sido sorprendidos por quién sabe qué argumentos.
En el blog de un tal Lima Gris incluso han dejado un comentario en el que hacen una lista de personas a quienes supuestamente “he estafado”. A mi no me gusta este tipo de película, en un primer momento no pensé contestar, pero dadas las dimensiones de la injuria y la difamación hago mi descargo contra ellos.
Mencionan a Aldo Pancorbo quien hace algunos años (2006) fue a buscarme con el escritor César Sánchez Torrealva para que les edite sus novelas, le publiqué su novela a César y no a Pancorbo porque la novela de Pancorbo no reunía la calidad que exigía mi sello y le devolví su dinero, excepto los 300 soles que fue lo que le pagué al diseñador quien no solo maquetó toda “la obra” sino que le diseñó varias portadas.
Mencionan al poeta Miguel Ángel Zapata a quien recientemente le he reeditado su libro LUMBRE DE LA LETRA y con quien no solo me une una fuerte amistad sino el respeto a su obra como crítico literario y como poeta. Ahora mismo estoy realizando un estudio de poesía piurana en la que lo incluyo.
Citan también al poeta Rodolfo Ybarra a quien el año 2007 le ofrecí coeditar su libro, él me canceló la suma de 1,300 soles, pero hechos ajenos a mi voluntad y que ya no viene al caso explicar porque he aprendido que lo familiar nada tiene que ver con lo empresarial, no hicieron posible la publicación, por eso entiendo la reacción que tuvo en su momento y le devolví la suma que él me entregó. Por eso el poeta Ybarra sacó la carta que publicó en su blog. Mi respeto hacia su obra permanece inalterable.
También mencionan a Gabriel Ruiz Ortega, quien también ha publicado algo en su blog, yo hace algunos años le pedí que haga la antología DISIDENTES que fue publicada posteriormente por Revuelta Editores, me acusa de ser un inmoral, yo podría decirle a él que es un malagradecido, fui yo quien lo recomendó con Willy del Pozo, Gerente de Altazor, para que le publique DISIDENTES 1, la antología de narradoras peruanas, que acaba de presentar en la FIL. Soy testigo de cuando le pidió perdón a Willy por haber escrito contra él en el mencionado portal. Fui yo quien lo llevó a Altazor y quien le pidió hacer no solo una antología DISIDENTES, sino tres.
Citan además -el blogger permite irresponsablemente el comentario- a Helmut Jerí Pabón, Omar Salomé, Julia del Prado (a quienes les publiqué en su momento sus libros), a Rafael Inocente (cuya novela se publicará este año con Altazor), a los poetas del Festival País Imaginario (a quienes les entregué los ejemplares ofrecidos –y que ellos me desmientan-) y citan una frase que el poeta Winston Orrillo apresuradamente dijo en un envío, la misma que rectificó cuando le expliqué qué es lo que había sucedido realmente. Esto me contestó el poeta: “Alabo -no puedo dejar de hacerlo- el tono comedido de su respuesta. Encomiable dada su juventud. Además, confieso mi ignorancia por desconocer su sin duda múltiple y zahorí ojo editor. Los autores mencionados por usted son de singular valía. Prometo subsanar esto con la investigación bibliográfica correspondiente. Pido disculpas por lo que pueda haber de hipérbole en mi crítica, pero en el Perú lo normal es que la gente o no hable o hable en voz tan inaudible que no se le oye, lo que es debidamente aprovechado. Y acabo, como todos los de la cofradía, con los palos en las costillas. Saludos cordiales, WOrrillo”
Yo hace años vivo concentrado en mi obra y en mi trabajo, gracias a ello conozco a un sinnúmero de escritores de no pocos países, fue así como conocí a Eduardo Leyton – Pérez a quien le ofrecí editar a un costo que ni siquiera en Perú le habrían ofrecido otras editoriales. Le publiqué su libro, que lo entregué dos días después de lo ofrecido porque él mismo, ya lo dije en carta anterior, me sugirió borrar una palabra para no tener problemas con sus amigos homosexuales, ahora dice que el libro no reúne los índices de calidad que él esperaba y alimenta el circo que muchos de los firmantes han inaugurado.
La edición de un libro, sus índices de calidad dependen de los presupuestos y eso es algo que los editores saben perfectamente. Su libro tiene 128 páginas. A ver que estos “editores independientes” con esa cifra publiquen un libro como, desconozco, esperaba Leyton – Pérez. Los peritos determinarán, me remitiré a ellos, quién tiene la razón.
Lo sorprendente es que Leyton – Pérez recibió los ejemplares y firmó el acta de entrega de los mismos, prometió disculparse si se les entregaba sus libros, promesa que no cumplió sino todo lo contrario, continuó con sus declaraciones contra mi persona. Lo que me permite comprobar que los hechos han sido promovidos por un pequeño sector de la literatura peruana, los resentidos, ninguneados y postergados de siempre, cuya escritura, no les ha permitido trascenderse.
Eduardo Leyton – Pérez sabía quiénes en Lima eran “mis enemigos”, precisamente con ellos durante su estadía estuvo casi a tiempo completo. Lamento su posición frente a mi persona, pero no puedo dejar de defenderme y de tomar las acciones pertinentes para que mi nombre y mi trabajo no se vean manchados por esta camarilla de personajillos que han tenido que juntarse para poder enfrentarme.
Ellos dicen que deslindan todo tipo de relación conmigo. Yo nunca he tenido ningún tipo de relación con ellos, no los necesito, no los he necesitado nunca. No me interesa caminar con el patio trasero de la literatura peruana. Su pelota no ha llegado a mi cancha, sigan jugando solos. No califican como contrincantes.
Mencionan al poeta Miguel Ángel Zapata a quien recientemente le he reeditado su libro LUMBRE DE LA LETRA y con quien no solo me une una fuerte amistad sino el respeto a su obra como crítico literario y como poeta. Ahora mismo estoy realizando un estudio de poesía piurana en la que lo incluyo.
Citan también al poeta Rodolfo Ybarra a quien el año 2007 le ofrecí coeditar su libro, él me canceló la suma de 1,300 soles, pero hechos ajenos a mi voluntad y que ya no viene al caso explicar porque he aprendido que lo familiar nada tiene que ver con lo empresarial, no hicieron posible la publicación, por eso entiendo la reacción que tuvo en su momento y le devolví la suma que él me entregó. Por eso el poeta Ybarra sacó la carta que publicó en su blog. Mi respeto hacia su obra permanece inalterable.
También mencionan a Gabriel Ruiz Ortega, quien también ha publicado algo en su blog, yo hace algunos años le pedí que haga la antología DISIDENTES que fue publicada posteriormente por Revuelta Editores, me acusa de ser un inmoral, yo podría decirle a él que es un malagradecido, fui yo quien lo recomendó con Willy del Pozo, Gerente de Altazor, para que le publique DISIDENTES 1, la antología de narradoras peruanas, que acaba de presentar en la FIL. Soy testigo de cuando le pidió perdón a Willy por haber escrito contra él en el mencionado portal. Fui yo quien lo llevó a Altazor y quien le pidió hacer no solo una antología DISIDENTES, sino tres.
Citan además -el blogger permite irresponsablemente el comentario- a Helmut Jerí Pabón, Omar Salomé, Julia del Prado (a quienes les publiqué en su momento sus libros), a Rafael Inocente (cuya novela se publicará este año con Altazor), a los poetas del Festival País Imaginario (a quienes les entregué los ejemplares ofrecidos –y que ellos me desmientan-) y citan una frase que el poeta Winston Orrillo apresuradamente dijo en un envío, la misma que rectificó cuando le expliqué qué es lo que había sucedido realmente. Esto me contestó el poeta: “Alabo -no puedo dejar de hacerlo- el tono comedido de su respuesta. Encomiable dada su juventud. Además, confieso mi ignorancia por desconocer su sin duda múltiple y zahorí ojo editor. Los autores mencionados por usted son de singular valía. Prometo subsanar esto con la investigación bibliográfica correspondiente. Pido disculpas por lo que pueda haber de hipérbole en mi crítica, pero en el Perú lo normal es que la gente o no hable o hable en voz tan inaudible que no se le oye, lo que es debidamente aprovechado. Y acabo, como todos los de la cofradía, con los palos en las costillas. Saludos cordiales, WOrrillo”
Yo hace años vivo concentrado en mi obra y en mi trabajo, gracias a ello conozco a un sinnúmero de escritores de no pocos países, fue así como conocí a Eduardo Leyton – Pérez a quien le ofrecí editar a un costo que ni siquiera en Perú le habrían ofrecido otras editoriales. Le publiqué su libro, que lo entregué dos días después de lo ofrecido porque él mismo, ya lo dije en carta anterior, me sugirió borrar una palabra para no tener problemas con sus amigos homosexuales, ahora dice que el libro no reúne los índices de calidad que él esperaba y alimenta el circo que muchos de los firmantes han inaugurado.
Lo sorprendente es que Leyton – Pérez recibió los ejemplares y firmó el acta de entrega de los mismos, prometió disculparse si se les entregaba sus libros, promesa que no cumplió sino todo lo contrario, continuó con sus declaraciones contra mi persona. Lo que me permite comprobar que los hechos han sido promovidos por un pequeño sector de la literatura peruana, los resentidos, ninguneados y postergados de siempre, cuya escritura, no les ha permitido trascenderse.
Eduardo Leyton – Pérez sabía quiénes en Lima eran “mis enemigos”, precisamente con ellos durante su estadía estuvo casi a tiempo completo. Lamento su posición frente a mi persona, pero no puedo dejar de defenderme y de tomar las acciones pertinentes para que mi nombre y mi trabajo no se vean manchados por esta camarilla de personajillos que han tenido que juntarse para poder enfrentarme.
Ellos dicen que deslindan todo tipo de relación conmigo. Yo nunca he tenido ningún tipo de relación con ellos, no los necesito, no los he necesitado nunca. No me interesa caminar con el patio trasero de la literatura peruana. Su pelota no ha llegado a mi cancha, sigan jugando solos. No califican como contrincantes.
Harold Alva