jueves, 11 de agosto de 2011

GABRIEL RUIZ-ORTEGA: Radiografía de un bufón

No soy un hombre rencoroso; por eso mi vida ha girado ajena al ruido de la calle. Nunca me ha interesado estar pendiente de lo que hacen aquellos que me otorgan su tiempo, no los conozco, no sé a qué se dedican, dicen que escriben, lo que he leído de ellos no ha sido relevante, con mayor razón, los dejo allí, al otro lado de mis estantes. Pero ellos continúan con sus vanos intentos de agresión, me otorgan calificativos nada decorosos, no los culpo, las noticias son sensacionalistas y nuestros jóvenes viven del corto plazo, son inmediatistas, ya madurarán, ya tendrán tiempo para reconocer a los trepones. Su juventud los exime de mis réplicas, leo lo que escriben y sonrío, a veces redactan textos conmovedores, pero no creo que mi vida sea tan importante, yo les recomiendo que busquen otras historias.

Pero también están los otros, los que hace rato pasaron la década de los treinta y persisten en el vano oficio de la agresión, aquellos que nacieron a la literatura con declaraciones fetiches, los que organizaron inenarrables peleas vía web, de blog a blog o a través de las famosas cartas de las listas, los sin historia, los emergentes de la literatura, los que tuvieron que inventarse un pasado o construirse una identidad a la que se aferraron como novias. Los bufoncillos de ventana, los palomillas del monitor, los achoraditos virtuales, los Ruiz Ortega.

La primera vez que tuve noticias sobre Gabriel Ruiz Ortega (te ganaste un post, “Gaby”) fue gracias al poeta Miguel Ildefonso, corría el año 2004 y con mis amigos de La Caja Nocturna de Zaragoza (estudié derecho con Diego Palmath en Trujillo) decidimos lanzar la publicación peruana, entonces Miguel me envió dos textos de GRO, estaban en algo, yo ya había cerrado la edición, pero uno de los artículos estaba dedicado a Montero Glez, un novelista español que me interesaba para no desentonar con el espíritu de los cuatro de Zaragoza. Y salió, luego tengo un vago recuerdo, creo que lo vi en el Yacana, después nunca más, hasta que apareció el blog del bipolar y nefasto Víctor Coral cuya primera entrevista estaba dedicada a un tal Ruiz Ortega, desconocido por completo por todos quienes ya hacíamos literatura desde los noventa, en realidad esa entrevista debió servirnos como diagnóstico de la conducta de Coral y sobre el achoramiento virtual de “Gaby”. Fue un correo de una tal Gaby quien publicitó el blog del sin vida personaje. Yo aún no sabía cuán real era el modo de actuar de Vitocho y a pesar de las advertencias le publiqué la reedición de su primer poemario, le edité la revista de libros, en la que también escribía GRO y le perdoné que haya firmado a mis espaldas un contrato de edición con el poeta Salomón Valderrama, y comenzamos a frecuentar con GRO. Pienso que fue una reacción natural, era “amigo” de mis amigos. Me invitó a la presentación de La Cacería, su primera y única novelita, debo decir que fue durante esa noche cuando descubrí en él ese bichito por la película, por irrogarse méritos que debemos dejárselo a los otros, sus primeras palabras las recuerdo claramente: “Me está presentando el mejor poeta del noventa, tengo a mi costado al crítico literario de la revista más leída del Perú, me está presentando Alonso Cueto” o sea, el patita se sentía en el cielo, pero lo tomé como una reacción de juventud y nos seguimos frecuentando.

Yo era el director de Editorial Zignos, al mes presentaba dos o tres libros, GRO lo sabía, allí empezaron sus “yo lo presento”, le encantaba estar sentadito, casi impecable, al frente y como no es un mal lector, acepté en varias ocasiones que sea él el responsable no solo de las presentaciones sino de escribir las contratapas de algunos de los libros, se volvió el caserito de la editorial. Toda corte necesita de un bufón.

Pero a qué viene todo esto, decía que no soy un hombre rencoroso y leo con ternura ciertos documentos de escribas que supongo esperan les responda, pero no, los jóvenes tienen derecho a equivocarse, ya habrá tiempo para ellos, sin embargo están los treintones, los que empezaron con estas misivas hace algunos años y yo jamás les dije nada, no me gusta distraer mi tiempo, yo no soy un santo, tampoco soy un robot, y claro que he cometido errores, pero los he cometido haciendo las cosas, no masturbándome, detesto a quienes se pasan la vida padeciendo de proyectitis, no, yo las cosas las hago, y cuando me equivoco, fallo en acción, en la cancha, jamás corriendo con el silbato, Gabriel Ruiz Ortega es uno de estos bufones que ya pasó la edad para andar perdonándolo y como nunca le he contestado insiste en asestar su pus seguro porque no le voy a responder. Pero no, Gabriel, ya es hora de que tú asumas tus pasivos.

Me acusas de inmoral de nuevo y aplaudes el tenor de una de las últimas misivas, tú sabrás sobre el “vigor testicular” de quien la suscribe, por mi parte estoy con la consciencia limpia, jamás he sido inconsecuente respecto a las personas que he frecuentado a lo largo de mis 33 años. Yo, a diferencia tuya, no fue quien se portó mal. No fui yo quien tiró la primera piedra contra Vitocho, tú sí cuando lo acusaste de administrar un blog basura que sospecho, ahora estoy casi seguro de ello, ambos lo administraron siempre, me resulta muy sospechoso que hayas sido precisamente tú quien me llamara una noche antes de que publiquen ese post sobre el superba, me diste nombres, qué casualidad, según tú los administradores eran quienes bautizaste como los Noles de la literatura peruana, recuerdo también aquella noche en san Borja en el cumpleaños de Willy del Pozo, el 2010, cuando llegó Coral y tú me pediste que los amiste, después de todo el barro que le tiraste me pediste que los amiste, y yo los amisté, ahora creo que ambos armaron ese circo y que siempre actuaron en pareja; no fui yo quien tiró la primera piedra contra Héctor Ñaupari, sobre quien escribiste pestes, no me sorprende que ahora ambos hasta podrían llegar a ser amigos, son de la misma calaña, por cierto tengo el artículo que no publicaste contra Héctor y yo respecto al mea culpa sobre el libelo de los noventa; no fui yo quien tiró la primera piedra contra Gabriel Rimachi Sialer (tú sacaste a Max Palacios) a quien no pusiste en DISIDENTES porque yo te lo pedí, a quien acusabas de alcohólico y ahora veo que hasta se tratan de tocayos; tú eres el pobre diablo, el inmoral, el cobarde, recuerdo cuando despotricaste contra Andrea Cabel en la presentación del primer poemario de Vanessa Martínez, a quien llamaste la poeta X durante toda tu participación, “la poeta X se presenta a un concurso en el centro cultural X, conoce al jurado, gana el certamen, la poeta X pide a todos los blogger y reseñistas que hablen de su libro, la poeta X se vincula con poetas que le sirven para eso”, cobarde, las cosas se dicen de frente. ¿Y me acusas de inmoral? ¿Tú cuya primera aparición pública en la entrevista del bipolar fue respondiendo estupideces contra Oswaldo Reynoso y Rubén Quiroz y después, soy testigo de eso, le has reventado todos los cohetes que no necesita Reynoso?
¿Me acusas de inmoral a mí que te publiqué en La Caja Nocturna, y que después de perdonarte todo lo que dijiste el 2007 y 2008 te di tribuna en Contrapoder y te llevé a Altazor para que te publiquen Disidentes 1? Fui yo quien te sugirió que armes la antología el 2007, y sí, seguro que otro pudo también sugerirte lo mismo, pero no fue otro pues, fui yo. Y recomendé además La Cacería y me pediste incluso que interceda para que en la próxima gira de novelistas latinoamericanos seas tú el elegido ¿Y yo soy el inmoral? ¿Yo soy el inmoral, Gabriel, cuando eres tú quien le hizo una entrevista laudatoria a Luis Hernán Castañeda y por lo bajo te burlabas de él acusándolo de ser el Reimond Manco de la literatura peruana? ¿Yo soy el inmoral, Gabriel, cuando fuiste tú quien se mofó de Giancarlo Stagnaro en la entrevista que te hice para Proyecto Patrimonio y después, como sabías que te sería útil como editor de culturales de El Peruano, te disculpaste? ¿Yo soy el inmoral, Gabriel cuando fuiste tú quien se burló en más de un post de Willy del Pozo y después le pediste perdón cuando te dije que te publicaría en Altazor Disidentes 1 y esa misma noche yo, otra vez, te sugerí que hagas otro Disidentes de narradores jóvenes y uno más con escritores consagrados? ¿Yo soy el inmoral cuando fuiste tú quien molesto porque no le editamos a una narradora que recomendaste en la colección Biblioteca Altazor a Willy a mí nos acusaste de ignorantes y posteriormente en un acto absoluto de torpeza, haciéndote el cojudo pretendiste calmar la discusión alegando que nos respetabas con un argumento irrepetible? Pobre diablo. ¿Yo soy el inmoral cuando eres tú quien no tiene reparos en enviar los correos personales que te envían escritores con quienes a veces discutes y te amistas? Hasta ahora tengo muchos de esos correos, los que te escribió Diego Trelles por ejemplo cuando se negó a participar en Disidentes. Hablabas pestes también contra Carlos Rengifo y cuando te enteraste que Norma le publicó La casa amarilla, me pediste que lo felicitara de tu parte y que lo que dijiste sobre él, que era un escritor para mentes misias y mediocres, fue un exceso de tu parte, así eres pues Gabriel o cuando te referiste a Sócrates Zuzunaga, a quien lo llamaste "un pichiruche" y cuando ganó el Copé Internacional de Novela permaneciste mudo. ¿Te taparon la boca?
¿Yo soy el inmoral Gabriel? ¿Yo que cuando realicé País Imaginario sin que tú seas un poeta, te puse, a petición tuyacomo moderador de algunas fechas y después de haber visto los libros en las mesas, me acusaste de no haberlos editado o de publicar fotocopias y no contento con eso te esmeraste en escribirle a uno por uno acusándome de haberlos sorprendido y escribiste que yo no cumplí con ellos cuando a cada uno le di los ejemplares ofrecidos? Y esa colección la publiqué con mi dinero Gabriel, porque yo todavía creo en la poesía a pesar de todo lo que los pitufos y tú dicen. Allí tengo los correos de los poetas del País Imaginario, pero nunca los utilicé en tu contra porque yo sí soy un hombre, y jamás me he arrastrado ante nadie para hacer las cosas, nunca he tenido necesidad de hacerlo, me basto solo Gabriel. ¿Yo soy el inmoral cuando fuiste tú quien pretendió descontextualizar esos correos para ponerlos y ponerme contra ellos? Miserable. Han pasado cuatro años desde entonces, tú sigues arrastrándote, repitiéndole a todo el mundo tu gran mérito: haber sido elegido por Enrique Vila-Matas para que lo presente. Qué pena por Vila-Matas, no mereció un presentador tan mediocre, un sujetillo que temblaba, no podías ni hablar, estuviste patético. En Guayaquil el poeta Vladimir Herrera me contó que Enrique Vila- Matas, su amigo, quería que lo presente un escritor periférico (eres periférico, Gabriel), entonces Vladimir le recomendó que pruebe con algún blogger, así dieron contigo, o sea no te ufanes tanto ni te burles de Iván Thays que según tú se moría por estar en tu lugar.
Basta de hipocresías, Gabriel Ruiz Ortega ¿De qué puedes acusarme tú? ¿De no devolver cinco libros? ¿Harás como ciertos personajillos una lista para “recordarme mis andadas”? Si yo fuera todo lo que alegas, debería estar preso o por lo menos denunciado, o ningún escritor querría publicar conmigo. Te recomiendo que te asesores porque ahora no voy a soportar ninguna más de tus misivas, la calumnia es un delito, que tengas un blog, según tú,“con envidiable lectoría” no te hace inmune, pobre diablo (y esto va también para el bipolar). Ya el 2008 después de prometerme que la próxima vez que me cruce contigo no sería un sujeto cordial, te disculpé todas las ofensas, tuviste suerte, yo caminaba por la avenida Pardo, y cuando me viste en vez de correr porque estoy seguro que detectaste la cólera en mi rostro, te expusiste, abriste los brazos y cobardemente me dijiste: “Harold, tú sabes que soy impulsivo, perdóname” me diste lástima Gabriel, y te respondí el abrazo, ingenuamente pensé que había recuperado al antiguo bufón, al lectorcito. No, ya veo que te gusta saborear la pus de tu veneno, ahora te aconsejo que no vuelvas a meterte con alguien que sabe demasiado, toma mi advertencia como una generosa ventaja.


Harold Alva .



PD: (te ganaste también una post data) Si respondes ten claro siempre que el blanco soy yo, es decir, como hombre, afila tu puntería contra mí ¿ok? si según tú yo soy el problema, aquí está tu problema.

lunes, 1 de agosto de 2011

MI RESPUESTA


Circula en Internet una carta, redactada, estoy seguro por un grupúsculo de escribas resentidos, quienes no encontraron mejor pretexto para enlodarme que los hechos ocurridos con el escritor Eduardo Leyton – Pérez, durante su reciente visita a Lima. La misma que ha sido suscrita por, hasta el momento, cincuenta personas, entre las que leo algunos nombres que me atrevo a pensar han sido sorprendidos por quién sabe qué argumentos.

En el blog de un tal Lima Gris incluso han dejado un comentario en el que hacen una lista de personas a quienes supuestamente “he estafado”. A mi no me gusta este tipo de película, en un primer momento no pensé contestar, pero dadas las dimensiones de la injuria y la difamación hago mi descargo contra ellos.

Mencionan a Aldo Pancorbo quien hace algunos años (2006) fue a buscarme con el escritor César Sánchez Torrealva para que les edite sus novelas, le publiqué su novela a César y no a Pancorbo porque la novela de Pancorbo no reunía la calidad que exigía mi sello y le devolví su dinero, excepto los 300 soles que fue lo que le pagué al diseñador quien no solo maquetó toda “la obra” sino que le diseñó varias portadas.

Mencionan al poeta Miguel Ángel Zapata a quien recientemente le he reeditado su libro LUMBRE DE LA LETRA y con quien no solo me une una fuerte amistad sino el respeto a su obra como crítico literario y como poeta. Ahora mismo estoy realizando un estudio de poesía piurana en la que lo incluyo.

Citan también al poeta Rodolfo Ybarra a quien el año 2007 le ofrecí coeditar su libro, él me canceló la suma de 1,300 soles, pero hechos ajenos a mi voluntad y que ya no viene al caso explicar porque he aprendido que lo familiar nada tiene que ver con lo empresarial, no hicieron posible la publicación, por eso entiendo la reacción que tuvo en su momento y le devolví la suma que él me entregó. Por eso el poeta Ybarra sacó la carta que publicó en su blog. Mi respeto hacia su obra permanece inalterable.

También mencionan a Gabriel Ruiz Ortega, quien también ha publicado algo en su blog, yo hace algunos años le pedí que haga la antología DISIDENTES que fue publicada posteriormente por Revuelta Editores, me acusa de ser un inmoral, yo podría decirle a él que es un malagradecido, fui yo quien lo recomendó con Willy del Pozo, Gerente de Altazor, para que le publique DISIDENTES 1, la antología de narradoras peruanas, que acaba de presentar en la FIL. Soy testigo de cuando le pidió perdón a Willy por haber escrito contra él en el mencionado portal. Fui yo quien lo llevó a Altazor y quien le pidió hacer no solo una antología DISIDENTES, sino tres.

Citan además -el blogger permite irresponsablemente el comentario- a Helmut Jerí Pabón, Omar Salomé, Julia del Prado (a quienes les publiqué en su momento sus libros), a Rafael Inocente (cuya novela se publicará este año con Altazor), a los poetas del Festival País Imaginario (a quienes les entregué los ejemplares ofrecidos –y que ellos me desmientan-) y citan una frase que el poeta Winston Orrillo apresuradamente dijo en un envío, la misma que rectificó cuando le expliqué qué es lo que había sucedido realmente. Esto me contestó el poeta: “Alabo -no puedo dejar de hacerlo- el tono comedido de su respuesta. Encomiable dada su juventud. Además, confieso mi ignorancia por desconocer su sin duda múltiple y zahorí ojo editor. Los autores mencionados por usted son de singular valía. Prometo subsanar esto con la investigación bibliográfica correspondiente. Pido disculpas por lo que pueda haber de hipérbole en mi crítica, pero en el Perú lo normal es que la gente o no hable o hable en voz tan inaudible que no se le oye, lo que es debidamente aprovechado. Y acabo, como todos los de la cofradía, con los palos en las costillas. Saludos cordiales, WOrrillo”

Yo hace años vivo concentrado en mi obra y en mi trabajo, gracias a ello conozco a un sinnúmero de escritores de no pocos países, fue así como conocí a Eduardo Leyton – Pérez a quien le ofrecí editar a un costo que ni siquiera en Perú le habrían ofrecido otras editoriales. Le publiqué su libro, que lo entregué dos días después de lo ofrecido porque él mismo, ya lo dije en carta anterior, me sugirió borrar una palabra para no tener problemas con sus amigos homosexuales, ahora dice que el libro no reúne los índices de calidad que él esperaba y alimenta el circo que muchos de los firmantes han inaugurado.

La edición de un libro, sus índices de calidad dependen de los presupuestos y eso es algo que los editores saben perfectamente. Su libro tiene 128 páginas. A ver que estos “editores independientes” con esa cifra publiquen un libro como, desconozco, esperaba Leyton – Pérez. Los peritos determinarán, me remitiré a ellos, quién tiene la razón.

Lo sorprendente es que Leyton – Pérez recibió los ejemplares y firmó el acta de entrega de los mismos, prometió disculparse si se les entregaba sus libros, promesa que no cumplió sino todo lo contrario, continuó con sus declaraciones contra mi persona. Lo que me permite comprobar que los hechos han sido promovidos por un pequeño sector de la literatura peruana, los resentidos, ninguneados y postergados de siempre, cuya escritura, no les ha permitido trascenderse.

Eduardo Leyton – Pérez sabía quiénes en Lima eran “mis enemigos”, precisamente con ellos durante su estadía estuvo casi a tiempo completo. Lamento su posición frente a mi persona, pero no puedo dejar de defenderme y de tomar las acciones pertinentes para que mi nombre y mi trabajo no se vean manchados por esta camarilla de personajillos que han tenido que juntarse para poder enfrentarme.

Ellos dicen que deslindan todo tipo de relación conmigo. Yo nunca he tenido ningún tipo de relación con ellos, no los necesito, no los he necesitado nunca. No me interesa caminar con el patio trasero de la literatura peruana. Su pelota no ha llegado a mi cancha, sigan jugando solos. No califican como contrincantes.

Harold Alva