lunes, 24 de marzo de 2014

MARUJA VALCÁRCEL BORDA SUAVEMENTE LA POESÍA



Escribe: Winston Orrillo

Un leve discurrir entre la intensidad, atemperada por el ánimo sutil y la suave intensidad (valga el oxímoron), caracterizan al libro de Maruja Valcárcel, “Bordando suavemente el viento, otro acierto en la multánime publicacion de editorial Summa, que dirige el poeta Harold Alva. 
Subscribo las palabras del buen poeta y crítico, Dimas Arrieta, quien, en su enjundioso prólogo al volumen, señala que  el presente es un “Poemario hecho en el amor y el ardor hacia la vida, con esas lluvias interiores que se convierten en un océano que no moja el cuerpo, pero sí empapa el alma.  Por lo tanto,  manifiesta a un ser humano vivo, bien aferrado a su temple, a su misión, que sabe lo que dice y bien dice, hasta cuando se sumerge en su silencio”.
Y, en efecto, algo de lo que llama la atención, en alguien como Maruja, a quien muchísimos conocen por su denodada labor de lo que en Europa se llama publicística, y aquí es, simplemente, editora de periodismo; algo que llama, repetimos, poderosamente  la atención en ella (que no es lo que se puede decir una profesional , stricto sensu,de la literatura) es su excepcional capacidad para decir, y decir bien, las cuestiones que atañen al arte, a la expresividad,  como cuando escribe: “Escucha..” y dice, acercándose, así, a lo inefable: “Tanto jugar con las palabras,/  tanto decir con la mirada,/ la palabra/ y la risa/ aquellas frases, con sin sentido,/ con los poetas,/ para armarlas y amarlas,/ dentro/ y también fuera. Para lo que fuera./  Y qué importaba!//  Pero ahora, las frases se esconden,/  detrás del ruido,/  ese trueno serpenteado por la risa,/ sin sospecha,/ del que sabe escuchar  tu silencio”.
Este, asimismo, es, por cierto,  un libro de amor,  de ese difícil tema –Rilke lo señalaba al advertirnos del peligro de escribir versos sobre los sentimientos.  Pero lo importante es que, dentro de lo difícil, es donde se prueba la calidad del artista de la palabra.
Veamos, pues, cómo sale, bien parada, la expresividad lírico-amorosa de Maruja Valcárcel cuando nos dice, en “”: “Trigo, semilla y pan,/  maná de mis días tristes,/  tú…/  Fuente clara y encantada / de las risas de cristal.// Ave plateada, tú,// reloj intemporal/  que marca mi hora exacta,/ tú…/ que a mi piel has vestido de poemas/ y sembrado de rosas/  mis mejillas,//tú…// Gladiador, vencedor de mis fantasmas,/  lector de mis angustias,/  traductor del cuerpo mío,// noche de Pascua,/ tú… Ven, atraviesa el horizonte/ y encuentra otro, y otro más…/// Ven, lava mis ojos de toda pena/  y, ya en silencio,/  bebe en mi copa/ que es tuya sola.”

Arturo Corcuera, Maruja Valcárcel, Harold Alva y Óscar Málaga

Rotundo remate que, por cierto, nos enfrenta con una escritora en la plenitud de sus facultades, como que aquellos versos no fueron un hallazgo casual, pues, en “Arquitectura”, podemos leer: “…Ahora voy a dormirme,/ hermoso y alado hombre,//luego, mañana armaré/ los versos que hice esta noche/ y, si faltara una estrofa,/ tú ya sabrás completarla/ con tu cuerpo,/ y con tus versos,/ para nacerme de nuevo/  como la última vez”.
Hace tiempo que venimos sosteniendo que, la gran poesía, no solo es una danza de palabras, sino que, ella misma, es un intentar aprehender el devenir, y  que los elementos del ser y el tiempo, o del ser y la nada, nimban sus esquinas más conspicuas.
Maruja no es ajena a aquello. Y, en su poema, “Donde vive el tiempo” se halla, explícito, lo enunciado en el párrafo anterior: “A mí qué me importa el tiempo,/  yo lo encabrito/ conozco de su aliento, yo lo siento/ en la boca de los músicos.// A mí el tiempo me lleva de la mano/ por las tabernas/  y lo bebo a sorbos/ en cada mirada.// A mí el tiempo me regala  madrugadas/ con los dedos entrelazados,/ tamborileando/  sobre la mesa/ un ritmo nuevo/ de risa y de vergel.// Y me trae de vuelta a la caverna,/ fuerte, desnudo,/ sin temor a la noche que acicala/ mis cabellos negros,/ porque necesita que yo dance/ sobre él.// A mí qué me importa el tiempo,/ ese tiempo del que hablan/ los habitantes/ del alma envejecida,/ enmohecida.// Yo hablo del otro…//Ese tiempo me busca con la mirada,/ cada día,/ cada noche/ y me enseña / cómo tomarme un vodka eterno,/ con la vida ovillada/ entre  sus brazos.// Quién será que lo puso allí…/ cómo será que de pronto/ apareció/ con su guitarra,/ el tiempo…
Pero una relevante poesía, igualmente, no puede fulgir sin hacer una invocación a la ruptura del solipsismo, de la propia torre de marfil (tentación de tantos poetas), por lo que entendemos perfectamenete congruente, remarcar  nuestro comentario con la cita, casi íntegra, del texto, “De Gris y Piel”, cuyos versos finales nos dan la clave de adónde apunta esta relevante poesía de Maruja Valcárcel: “Un saco a suaves cuadros…/ una corbata,/ la camisa perfecta,/ una bufanda.// No debe el frío de la tarde/ lastimarte,/ por eso yo te abrigo,/ y es preciso/   que te acerques,/ ya desnudo,/ para encender una hoguera,/ todos, todos,//   porque somos tantos,/  cuando estamos juntos. (Subrayado nuestro). Y un rasgo que no puede faltar, en todo escritor de relieve: el humor, y, a veces, en su variante del “noir”.Veamos,  para concluir nuestras abundantes, pero necesarias, citas de las palabras de la autora: en su sintomático poema “Nada”, escribe, como versos finales: “Qué será, por qué será que uno termina/ convertido en minutero,/ siempre,/ del reloj de  la casa/ de enfrente”.

viernes, 28 de febrero de 2014

Zarumilla y José Panta


Escribe: Harold Alva


La última vez que lo vi fue hace 24 años. Todos lucíamos impecables. Era la clausura del año escolar. Yo me había ubicado al fondo, al lado de mi madre, inquieto y resignado.
Aquel 1990 no recibiría diploma, empecé el primero de secundaria en el José Carlos Mariátegui de Papayal. En mayo inició una huelga del SUTEP que a los alumnos de los colegios nacionales casi nos hizo perder el año académico. En agosto, mi padre, preocupado por nuestra situación, realizó todos los esfuerzos que le permitió su sueldo de policía para matricularnos en el único colegio particular de la provincia. Estudiar en el San Agustín significó algunos cambios. Papayal está ubicado a media hora de Zarumilla: tuvimos que ponernos al día del primer y segundo bimestre, en paralelo a no descuidar el tercer bimestre en curso; viajar todos los días por aquella carretera en el camión de tropa que movilizaba a los hijos de los oficiales del ejército. Fueron otros hábitos. Tuvimos que vestir el buzo celeste de educación física, rotarlo con el típico uniforme, cambiamos de insignia. Fueron quizá los meses más tediosos de mi vida. No le deseo a nadie tener que estudiar tres bimestres al mismo tiempo y dar exámenes de matemática o de historia con todas las fechas y las cifras de golpe.   
            Jamás fui un alumno que se sentara adelante de la clase, mi sitio siempre fue atrás, al fondo desde donde inventaba los apodos que mis compañeros repetían, o desde donde dibujaba a mis profesores para no aburrirme con las a veces innecesarias explicaciones de dos horas. Atrás era el lugar de los guerreros, atrás estábamos los rebeldes, el grupo con el que todo el salón quería lucirse en los recreos. Aquel 1990 fue distinto. La primera semana me di cuenta que si quería aprobar el primero de secundaria necesitaría dejar atrás aquellos hábitos y sentarme adelante. Tuve que transformarme en el muchachito chancón que caminaba con sus libros y cuadernos, el que leía en todas partes. Era eso o no pasar el año. Me ponía al día en los recreos, venía leyendo sobre el camión que nos traía y retornaba escribiendo haciendo equilibrio con los baches de la carretera. Así fue hasta que llegó diciembre.
            Fui el adolescente que no pudo darse el lujo de tener muchos amigos.
         Acabé el primer año sólo habiendo departido con Panta que se sentaba adelante, con Garrido y mi hermana Holenka que, como yo, sólo tuvo a Paola y Patricia como amigas. No tuvimos tiempo.
            Y allí estaba aquella mañana, de la mano de mi madre, nervioso y resignado esperando que anuncien a los primeros puestos para ir por mi libreta de notas. Adelante estaban juntos  todos los alumnos de primer año. Atrás, aún ajenos y extraños, mi hermana Holenka y yo. Una vez que terminó la ceremonia llegó el turno de la entrega de diplomas. Llamaron al tercer puesto en aprovechamiento y conducta, después anunciaron que hubo empate con el segundo puesto, anunciaron el nombre de uno de los que había empatado y cuando me disponía a salir de la Iglesia, herido en mi vanidad; pronunciaron mi nombre. Frente a mi sorpresa y resignación, aquel vertiginoso 1990, empaté el segundo puesto. Mi madre emocionada casi aplaude como doña Florinda a Kiko, menos mal que su emoción la detuvo y fui por ese diploma, el primer cartón que sentí que realmente me había costado.
Contento retorné a mi lugar del fondo, orgulloso y en silencio, a observar quién era el primer puesto. Lo intuí: Panta Quiroga, José. Mi amigo José Panta obtuvo el primer puesto y yo sentí que supe darle pelea a aquellos meses en los que casi pierdo el año. Fue un buen primer puesto, creo que ganamos bien, pero aquella mañana fue también la última vez que les di la mano a mis compañeros del San Agustín.
El año siguiente retornamos a Cañaveral.
Ahora Panta es contador. Vivió en Lima diez años, fue funcionario en el Ministerio de Economía, catedrático de la UNI y asesor de la contraloría. Ha sido Gerente de la Municipalidad de Tumbes y es el virtual candidato a la alcaldía de Zarumilla. Anoche nos reunimos después de 24 años y cruzamos caminando Miraflores y Barranco.
“Ahora ya puedo decir que caminamos juntos”, me dijo.
Coincidimos en política, coincidimos en que la nuestra es la generación del relevo, coincidimos en que tenemos una responsabilidad histórica, coincidimos en que debemos seguir preparándonos para los retos del bicentenario. “De niño quería ser astronauta”, le dije. “Yo todavía quiero”, respondió.

Ahora sabemos que otra fue la altura y el viaje siempre fue nuestro Perú. 


lunes, 3 de febrero de 2014

¿CONCENTRACIÓN DE MEDIOS?


Escribe: Harold Alva

Un viejo amigo me preguntó porqué no me pronunciaba sobre la concentración de medios y sobre "la amenaza" que representa que un grupo como El Comercio pretenda monopolizar la información. Sonreí y le di una respuesta gracias a la que me acusó de apocalíptico. Le dije que se trataba de una cortina de humo y le expliqué porqué mi conclusión: Necesitamos ser demasiado ingenuos o haber perdido nuestra memoria política para imaginar que esto se trata de un atentado contra la libertad de expresión. 

Recapitulemos, de qué hablábamos antes de que Ollanta Humala le brinde la entrevista a Mávila Huertas y Josefina Towsend? El tema de interés nacional, sin duda, es el contencioso Perú / Chile en La Haya; pero miremos acá: discutíamos sobre cuatro hechos puntuales y concretos. Toledo y la compra irregular de propiedades: Ecoteva; Keiko Fujimori admitió que en su campaña recibió aportes de Luis Callé Quirós, integrante de una red de lavado de dinero del narcotráfico (su bancada a través de un comunicado informó que había devuelto "el donativo"); el escándalo de los narco indultos que tiene en la mira no sólo al ex presidente García sino a varios de sus ex ministros, y la denuncia de los hasta hoy no esclarecidos vínculos del gobierno con el montesinista Óscar López Meneses. 

Esos eran los temas que capturaban la atención de la opinión pública que ni los esfuerzos de los programas de farándula pudieron amortiguar. Entonces Ollanta Humala utilizó una mejor herramienta: "El atentado contra la libertad de expresión". Funcionó. Lo que se necesitaba era algo que distraiga a la opinión pública, un tema en el que, con sus intervenciones, colaboren nuestros políticos. Ya no se trataba de un supuesto ataque a la libertad de empresa sino a lo totémico que resulta "la libertad de expresión", algo que significaba cámara, y entre la cámara o las investigaciones, donde están comprometidos, por supuesto que los Keikos, Toledos y Garcías prefirieron la cámara. Allí ganaron todos: Se olvidaron de Keiko y sus aportes del narcotráfico; de Toledo y los resultados de la comisión que lo investiga en el Congreso; de Alan y la presión porque esclarezca su responsabilidad en los narco indultos; del presidente Ollanta Humala y su rochosa sindicación de sostener lazos con el montesinismo y, claro, El Comercio y La República que seguro aumentaron tiraje y tele audiencia. 

¿Apocalíptico? ¿Perverso? No: Realista. 

Me pregunto de qué libertad de expresión hablamos cuando sabemos muy bien, desde hace mucho, que lo que tenemos en la prensa escrita y en los medios televisivos es cualquier cosa menos periodismo. El Comercio y La República son socios en América TV, los fujimoristas tienen programas en canales de señal abierta, Alan García tiene como empleados a Raúl Vargas y Cayetana Aljovin, de RPP, en su Escuela de Gobierno. Y Ollanta, por sus declaraciones, vuelve a computarse el Velasco del siglo XXI; idiota, Velasco con todo y sus defectos, tenía pantalones, Ollanta es un tremendo sacolargo. Velasco y su atrofiado gobierno revolucionario tenía por lo menos una mística, en Humala la proyección termina en Nadine, sino no la habría designado presidente del partido nacionalista. Necesitaban una cortina de humo, una nueva novela en la que sobren los actores, hoy salió a escena Federico, mañana seguro le toca a Josefina y así hasta que hayan quedado archivadas o postergadas las investigaciones. Si tuviéramos partidos liderados por peruanos intachables otra sería la historia, este sin embargo es nuestro escenario. De nosotros depende seguir como espectadores desde nuestros palcos o trabajar por la baja de esta abyecta clase política.
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Artículo publicado el 5 de enero de 2014.

martes, 31 de diciembre de 2013

Dimas Arrieta y sus Fantasmas del Estadio Nacional

Escribe: Winston Orrillo

A 49 años de sucedida la hecatombe en nuestro primer coloso deportivo, Dimas Arrieta Espinoza (Huancabamba, 1964) la recrea, pero desde un punto de vista sui generis. En efecto, su novela breve “Los fantasmas del Estadio Nacional” (Editorial Summa, 2013), aborda los sucesos del 25 de mayo de 1964, recrea sus infaustos sucesos, desde una perspectiva mágico-religiosa.

Con un estilo que ya va siendo común en él, a partir de sus inicios, hace veinte años (1993), con su “Canto a las Huaringas”, comienzo de un proyecto de homenaje  al mundo mítico y mágico de los curanderos de la sierra piurana (completado con “En el  reino de los guayacundos” (2003) y “El jardín de los encantos” (2008); Dimas Arrieta es un paradigma de escritor joven que brega con la palabra creativa, lo que se traduce en su abundante obra narrativa: en cuento: “Los Majoteros y otras historias gastronómicas” (2010); “La venganza del viringo” (2011), “De cómo una carpeta se convirtió en escalera” (2011). Y, en narrativa de aliento, fue nada menos que finalista en el “Premio Cope Internacional de Novela, 2009”, con su obra “Corazón de viento, bitácora del explorador”.

Catedrático en la Universidad Villarreal, Magíster en Literatura, él es egresado del Doctorado  en Literatura de la UNMSM. Colaborador del Suplemento Variedades del diario El Peruano -donde ejerce la crítica literaria- Dimas es paradigma de hombre dedicado a las letras, todo logrado a puro pulso y con el ejercicio de una impertérrita e indesmayable voluntad, pues su origen y circunstancias lo alejan de las mafias y camarillas literarias realmente existentes. Acaba él, asimismo, de publicar una recopilación de su obra lírica (que comentaremos oportunamente), en conmemoración de los 25 años de la edición de su primer poemario.
La presente narrativa  podría asimilarse a lo que se llama nouvelle, y es una reflexión  sobre los pormenores -una suerte de “balance y perspectivas”- de lo acaecido en aquella fatídica fecha, en tanto en cuanto su proyección ha sido como una suerte de sombra negra para el futuro siniestro del fútbol peruano, que el autor atribuye a la condición supérstite de una mala aura, ocasionada por los varios cientos de muertos de los sucesos de aquel mayo de 1964; todo visto desde la perspectiva de un ojo proveniente de los estratos populares (que son, precisamente, los de su autor). Y, más concretamente, de alguien de la zona norte del país: “De vivir, vivir, no hay como los norteños; creo que nosotros sí sabemos darle ese verdadero sentido: vivir. Mucha gente solo mora, pasa su tiempo sin darse cuenta del verdadero sentido que tiene su destino y su misión en esta Tierra”.
En resumen, la tragedia del Estadio Nacional generó una atmósfera deletérea que ha perseguido a la Selección de fútbol, y que, para el humilde gasfitero Falla, es la que no le ha permitido brillar en el balompié mundial… para acabar con la cual,  se vincula con una morena rezadora, “Mamá Sarita”, que le da una fórmula estrambótica, destinada a exorcizarlo todo.
En fin, la solución, de este modo, no tiene, pues, nada de terrenal y con ello volvemos a un mundo que Dimas Arrieta maneja a la perfección, máxime en esta narración corta que combina tanto el relato situacional, como la perspectiva futura, mientras nos sumergimos en reflexiones como las de la sabiduría popular de la inefable “Mamá Sarita” que podría resumirse en esta frase suya:  “No hay peor demonio que nos domine tanto como el de nuestros propios miedos”.
En la foto 2: Alberto Benavides Ganoza, Dimas Arrieta, Tania Libertad, César Calvo.

martes, 17 de diciembre de 2013

LIMA de Harold Alva


Escribe: Dimas Arrieta Espinoza

Lima (Ediciones ALTAZOR, 2012), es la primera parte del proyecto La épica del desastre. Quedarían pendientes: Post mortem, Los ojos de las estatuas y Las vértebras del fuego. Pero, este libro nos interesa como unidad, como construcción sólida que propone una poética dentro de los asedios de una vida: vívida y vivida. Un edifico poético ensamblado con una estructura de emociones: fracasos, gritos de impotencia, éxito y tristeza.
Con este motivo quisiera revisar brevemente esta propuesta desde cinco categorías: manía, norma, carmen, poiésis, el ritmo. Pues Lima, de Harold Alva, no es un poemario, es un libro lleno de matices que hacen posible un vistazo por el origen de las palabras y el mandato rector de nuestros clásicos.

Manía

La manía para los griegos fue la posesión. La poesía es una manía divina, decía Platón. No es el concepto equivocado que tenemos de esa palabra. Pues el poeta entra en estados de posesión divina cuando revela, desvela, enuncia, codifica, sufre diciendo, revuelve y pone en símbolos lingüísticos lo que palpa y siente la realidad que lo oprime. Por lo tanto, la manía es un estado de conciencia superior ajeno a la pobreza de espíritu en que los seres humanos solemos quedarnos en la rutina. Esta poética de Lima, de Harold Alva, son manías puras, posesiones terrestres y divinas de luces y oscuridad. Pero esta manía que nos revela la dureza de estos tiempos, los días de caos en el transporte y las noticias de muertes y otros males que atacan a la ciudad, son puestos en el filtro de la trascendencia, porque ella dialoga con lo divino, con lo que hay que salvar en esta épica del desastre.


En el primer poema ya está enunciado lo que venimos afirmando: “El lenguaje de estos dedos se escribe sin motivo” Está entonces, la posesión de el verbum, concentrado como logos hecho lenguaje. La posesión del verbo sin control en lo que se dice y enuncia: “Aquí mi voz ya no radica en los dedos o en las plumas de mis alas / Solo está la duda / este silencio / La oscura sensación de un reptil que trepa en lo que escribo.” Esta posesión del verbo se manifiesta en múltiples imágenes, a veces surrealistas, o en determinadas circunstancias se apela al simbolismo, donde no se dice ni se describe, tan solo lo sugiere: “La misma canción que inventamos / para ocultar los cortes / mi estructura de hombre que exige este poema / la muerte como una muchacha fresca” (Pág. 23).


Norma

Es la poesía en griego, se refiere a la creación poética. No es el sentido significativo que le hemos dado en el idioma español, incluso apela a un nombre propio femenino. Tampoco la palabra norma acude a las reglas, a reglamentos que rijan los procesos. Desde el punto de vista de los orígenes de esta palabra la empleamos como una categoría constante en Lima. Los actos creativos, desde y con el logos, permanecen en actitud de rebelar y develar la realidad: “Los habitantes muerden el tráfico Los habitantes patean un cuajo de su sangre como si la noche no importara Como si un cuerpo en el asfalto no importara (…) Aquí el horizonte se quiebra Los postes apagan la luz artificial de sus osamentas pero nadie se da cuenta Nadie observa el movimiento de sus callejones Las súplicas celestes Nadie la cifra mortal de sus nacimientos” (Pág. 25).


Es cierto, Lima es una ciudad de tensiones, como cualquier gran metrópoli donde los problemas sociales coronan sus desgracias. Por eso esta norma-poesía, contiene esa dureza, los conflictos hechos versos que se desangran, no son himnos o loas pacíficas y de veneración a la ciudad, sino conmovedoras imágenes en ásperos versos. La ciudad es un bosque de peligros que no entran en la ficción, son más fuertes que ella.
Este libro es eso: un bosque de imágenes donde los alaridos de las palabras son animales sonoros hambrientos de trascendencia. Pero es una poética distinta a las anteriores que han cantado a Lima, tanto los poetas de la promoción de 60, como en los años 70. Es una norma distinta, una creación que tiene que ver con la orfebrería del lenguaje: “Lima debe ser la persecución de la lluvia Ese ritmo raro El propio vapor impregnado en las ventanas Su olor de alcantarilla clavándose como sonda en tus narices En tu mirada de náufrago absorto entre sus calles Inmóvil ante la vulva gigante de sus calles” (Pág. 39).
La movilidad textual en cada poema va abriendo nuevos espacios, sobresalen los lugares porque se persigue una geografía verbal. Calles que responden a viejos y nuevos movimientos, avenidas, parques y distritos que configuran varias ciudades en una sola. Lima es muchas ciudades y alberga a tantos peruanos de regiones distantes como de culturas distintas. Los textos de este libro tratan de dar estos significados.

Carmen

El significado de esta palabra en latín es poesía, pero es el producto, el contenido y los sentidos de significación de los textos poéticos. Es la misma escritura poética que fija a la poesía. Con esta categoría designamos a toda la unidad temática que abraza Lima de Harold Alva. Un libro unitario, perseguidor de lugares y personajes que reposan en un producto poético, en su carmen, cuyos epicentros tienen su sintonía verbal en lo que pasa y acontece en esta gran metrópoli. No hay otros escenarios discursivos, en su temática, mas que el que concierne a Lima.
La construcción textual, como producto, está inmejorablemente diseñada como textos en prosa que sugieren ser pequeños monólogos. Además, cada poema está antecedido por una antesala, por su carmen, por su producto poético. Entonces, como carmen se ha conseguido un producto distinto a los anteriores libros que han sido dedicados a Lima, temas frescos y recientes son presentados en este campo de referencia que tiene cada poema.
Se sienten instancias épicas, luego alientos líricos, todo en una intimidad pasional de amores y desamores. Sensibilidades que llegan a bordes extremos, pero no extremistas. Se siente el rubor y el rumor de la noche, los silencios y los laberintos de una ciudad que no duerme.
Por supuesto, el lenguaje es el gran protagonista, como debe ser en la poesía. “Ese rumor de sílaba que increpa a mi lengua por un verso Ese paisaje que incendia el prado Que tímidamente intenta distraerte para que sigas allí Para que leas el agua de esta sombra que aparece en tu pantalla Esa luz que acecha como una nube que se posa en la fuente intacta de tus dientes Tus ojos que todavía me sorprenden Que aún permiten este sobresalto de formas y de aire Nadie está aquí y sin embargo es como si todos me rodearan para dictarme estas palabras” (Pág. 71). Lineamientos de cofradía y veneración por los actos de buscar un nuevo lenguaje, una poesía con otra forma de decir las cosas. Preocupación que asedia a los poetas modernos después de la explosión vanguardista.  

Poiésis

Esta palabra o categoría siempre ha estado ligada a la poesía, ha sido traducida como creación poética. Viene del latín que significa actividad que hace la norma, es decir, la creación poética. Entonces, la poiésis es la misma acción del verbo hecho poesía. Una actividad que fluye como identidad y presencia del logos hecho lenguaje. Entonces, Lima, de Harold Alva, ya es una poiésis, esta Lima es una propuesta verbal, una ciudad de palabras donde los que habitamos en esta gran capital nos reconocemos, nos encontramos, palpamos y sentimos sus gritos, su angustia, su caos, sus tensiones sociales, sus huelgas, su fetidez y su extremismo. Pero la amamos, somos ella y parte de las tradiciones y costumbres que asumirán nuestros hijos.
Cada poema es una calle, un lugar neurálgico y conflictivo. Pero allí pululan no solo los sinsabores, sino las felicidades, los reencuentros, con lenguaje propio y original. Este libro es un confesionario de lo que duele esta ciudad, de lo que se ama en esa intimidad llamada mujer: “Soy quien siempre se equivoca El mismo lobo La máquina de aniquilamiento El de los acertijos El de las inútiles coincidencias La máscara de tierra sobre la que germinan simulacros El coyote de la Aviación El sujeto que escribe mientras Lima duerme y la tristeza regresa como el roedor que nos escupe y rasga nuestras osamentas Soy quien siempre se equivoca La bestia nocturna El pájaro que agita las alas para confirmar que el aire apesta Que la ciudad hiede y su veneno  aún nos alimenta ¿Duermes? Soy quien siempre se equivoca El tipo con requisitorias La pésima influencia” (Pág. 81).  

El Ritmo

Es lo que hace referencia continua a la norma, es decir, a la misma creación poética. La vieja poesía, la poesía popular y culta, ha estado, tiene y debe tener siempre como ingrediente el ritmo. Es una música que en el plano de la expresión han impuesto los poetas parnasianos franceses y el Modernismo americano, con mayor explicites y maestría. Mientras que la música de las ideas también ha estado presente en la poesía, con los Simbolistas franceses y en el mundo hispánico con nuestro pionero José María Eguren.
En este libro de Harold Alva encontramos un ritmo de acuerdo a las necesidades del texto. La exigencia de la música es necesaria en la poesía.
Lima, de Harold Alva es una ciudad sonora verbal, pero también hay música en los silencios de las calles que no menciona. Un libro que no está al servicio caprichoso de cantar a una ciudad por compromiso, sino es un canto necesario de identificación donde la ciudad sencillamente son los hombres que la habitan. Un ser humano habla y al cantar humaniza a la ciudad.


La rabia se inocula
                        Como el grito suspendido de una cobra
Lima de noche con mis manos en su espalda
Y un extraño rumor de vidrios destrozados contra el ojo
Contra mi frente de cíclope
                        Extraviado entre los autos
Su inconsistencia para sostener
El incendio de otras cicatrices
En los muros donde gárgolas invaden
El cementerio de mis pájaros
O la hacinada cueva donde habita el roedor de la nostalgia
Su trompa de metal
            Que se abre como la puerta del metropolitano
Cuando cruza Lampa
                        Voltea por Emancipación
Y la ciudad se eriza
Y la ciudad se levanta
Y Lima tartamudea un himno que la proyecta
                        Sobre un muro de quejas
Y la rabia crece
Y nadie tiene el poder para difuminar la espuma de mi boca
Su antídoto de historia
La frente sin laureles
                        De las estatuas posmodernas
Sé que hay una ventana:
Un vitral en el que otros ojos se inyectan contra el cielo de otra tribu
De otra civilización que nada tiene que ver
Con las marcas putrefactas de estos muertos
Otra lengua
Otro código que interpreta
                        Las flechas de mis manos
Sus líneas como quipus
O la rabia:
Su nieve en la cresta de mis puños
Los pilares del tren
                        La bestia que cruza sus entrañas
Los corredores viales que unifican su tragedia
El color seco de su sangre
Mis brazos clavados como huesos
Agitándose como una bandera
Que nada tiene que ver con la historia de su patria
La voz despedazándose
Y el cráneo sembrado sobre un poste
A la merced de un cóndor
Que sabe que sólo habitan tinieblas en mis ojos
Lima es una hiedra
Su trompa se abre como el insomnio de un loco
Que intercede por sus fantasmas
                        Y no hay lugar
No hay casa
            No hay espacio inhabitado
Sólo la lluvia
                     Quebrándome 
                                              Luciferina
                                              Vertical 
                                                    Solitaria.

viernes, 29 de noviembre de 2013

La épica del exilio en la poesía de Jorge Nájar (En torno a POESÍA REUNIDA, Editorial Universitaria UNFV, 2013)


Escribe: Harold Alva
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"En este mundo difuso he levantado mi casa / No pago impuestos ni cobro gabelas / Vivo solamente", nos aclara Jorge Nájar en uno de los poemas de PIEDRA ANGULAR, el libro con el que cierra su POESÍA REUNIDA. Y es precisamente por esos versos que me obligo a repensar sobre la obra que ahora nos convoca, sobre este documento con el que realiza su inventario, los años que le ha entregado a la siempre subversiva forma de vivir como poeta. Como poeta en exilio permanente, porque él, sin impostaciones, sin máscaras o quizá con todas las máscaras, es un poeta que ha hecho del desplazamiento su carnet de identidad, su marca de vida, su propuesta. Desde "Malas Maneras" hasta "Piedra Angular", Nájar nos ha entregado una poética del desarraigado, pero no de aquel desarraigado que desconoce o no comprende la civilización y la cultura por donde se desplaza, no de aquel desarraigado que se condiciona hábitos para sobrevivir porque se sabe de ninguna parte, sino de aquel desarraigado que precisamente porque conoce los sistemas por donde cruza su experiencia, elige el elemento natural de quien vive en perpetuo movimiento como fantasma simbólico cultural para redefinir su origen, para vencerlo. Porque este desarraigado para capturar aquello que lo induce a la sorpresa y escribirlo tiene como regla vencer el canon de su origen. Y esto lo podemos confirmar en los temas que eligió desde sus primeros libros, propuestas que fue consolidando gracias al recurso natural de quien ha vivido en muchas partes; y Jorge Nájar es alguien que ha vivido en muchas partes: desde su incursión a Lima hasta su llegada a Europa y esa constante de quien ha hecho de la partida y el retorno las caras de esa moneda con las que sortea su hábito de vida.
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Jorge Nájar sabe que el mundo está determinado por la migración humana, lo sabemos nosotros porque lo leímos en los mitos que pretenden justificar el nacimiento de las civilizaciones, el Perú es un país de migrantes, Lima es una ciudad de migrantes, París es una ciudad de migrantes; migramos desde el origen, y han sido las sociedades que capitalizaron el poder precisamente del que migra las que más se desarrollaron, lo vemos aquí en nuestras periferias, lo vemos en ese gran opresor del norte que es una tierra de migrantes, lo leímos en los textos de religión e historia, por eso no es sorprendente que un poeta se haya atrevido a asumir su condición natural con el equipaje de quien migra. Sin embargo este nómade posmoderno eligió subvertir esa condición desde su escritura, por eso critica con ella ese canon al que me referí hace un momento, un canon que va más allá de las anécdotas de lo literario, qué es el canon literario finalmente sino aquello que dejó de ser subversivo y se convirtió en receta para la perpetuidad, para las discusiones de quienes pretenden justificar el conocimiento, su información, lo que consideran sus aportes. 
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Yo estoy seguro que a un poeta como Nájar le importa lo que equivale el sonido de quien muerde una manzana si forma o no parte de aquellas páginas por las que seguro otros son capaces de traicionar su consecuencia. Por eso su participación en el proceso de nuestra literatura o las entregas de sus libros siempre ha sido discreta, él sabe lo que escribe, a él no le hace falta el otorgamiento de laureles o el reconocimiento de algún crítico, él escribe con la incredulidad de quien conoce, él avanza con la incredulidad por el meta discurso, su formación lo obliga a desconfiar de los efectos prácticos de los meta relatos a los que se refería Lyotard y sin embargo su apuesta por la poesía tiene responsabilidad épica.
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Escritores Paco Tumi, Tulio Mora, Jorge Nájar y Arturo Corcuera
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Jorge Nájar fortalece una legión de poetas que hicieron de ese tipo de desarraigo su mayor propuesta, por eso asocio su proyecto de escritura a las poéticas de Vallejo, de Moro, de Eielson y de Chariarse. Ese sentido del que irrumpe que aprendimos con el Trilce de Vallejo y esa imprecisión del vuelo onírico que asimilamos con Moro, ese repaso a todas las formas que entendimos gracias a Eielson y ese respeto por las formas clásicas pero rupturistas con las que escribe Chariarse; y es intrigante porque nos pone frente a tradiciones opuestas pero completarias: Gamoneda y Moro, por ejemplo, pero que nos sirve para rastrear su registro y nos brinda luces que empiezan con Cisneros en Malas Maneras, continúa con Marcial, sigue con Cluny y nos devuelve a Bai Juyi y a Catulo, lo que definitivamente nos coloca frente a un poeta que ha asimilado las grandes tradiciones para entregarnos una propuesta que irrumpe como la voz en cuya sonoridad crepita un canto épico. Un canto que se fortaleció en ese primer Nájar que integró HORA ZERO, el movimiento más contundente en sus elementos de ruptura.
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Pero Nájar es un poeta que no ha dejado de luchar por vencerse, por derrotar su Yo poético, para trascenderlo, para trascenderse. Él sabe que si un poeta es auténtico debe empezar por derrotarse a sí mismo, hay poetas que no han logrado vencerse a sí mismos, ellos son los prescindibles. Rimbaud se destruía a sí mismo, Baudelaire se destruía a sí mismo, Antonin Artaud, se vencía a sí mismo, Leopoldo María Panero, se destruye a sí mismo. En ellos coinciden sus vidas como tragedia, cierto, pero vayamos a quienes no llegaron a extremos vivenciales, Huidobro rompiéndose la lengua en el último canto de "Altazor", Borges en su "Libro de los dones", o Kavafis en "Esperando a los bárbaros".
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En esa lucha ha ido del discurso poético narrativo, o cronipoema, poesía conversacional o coloquial, al discurso clásico, a su apuesta por la imagen, por la metáfora, por la búsqueda de su interioridad al modo Zen, pero desde su propia tradición, desde ese origen al que confirma, desde ese origen al que derrota, desde ese origen al que subvierte con la sagacidad de un brujo que domina el lenguaje con el que se sirve para comunicarse con lo que occidente apenas intuye; y esto lo apreciamos en "Espíritus", el libro en mi opinión más personal de este conjunto: " Poco importa si al despertar / la noche arda o no / pues lo que sí cuenta / es brillar bajo tu sombra".
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Hacia esa sombra viaja y regresa, hacia esa sombra huye o se guarece, contra esa sombra nace y se aniquila, Jorge Nájar ha vivido bajo esa sombra, Jorge Nájar ha sobrevivido sobre esa sombra y en él hay una vuelta al orden que lo legitima como puente de una generación que en este momento escribe desde la precisión de un mundo que ha recibido hecho pedazos. Pero en esos pedazos está la historia y sobre esos pedazos la lengua, nuestro idioma, todavía no se rompe, todavía retumba como una carcajada que nos dice que aún puede haber otro sueño. Por ese sueño Jorge Nájar insiste, por ese sueño Jorge Nájar escribe, por ese sueño Jorge Nájar nos convoca. 
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Leonidas Vélez, Rosina Valcárcel, Germán Peralta, Jorge Nájar, Sonia Luz Carrillo, Ricardo Falla

sábado, 9 de noviembre de 2013

Óscar Málaga y LA ÓPERA DE DULCE DIAMANTE


En este texto pocos podremos distinguir si se está leyendo una novela o viviendo un sueño. La ciudad de Lima subterránea, llena de poesía, advierte que en sus entrañas ocurren pasiones-amores -entre la obscenidad y el erotismo- que se extravían en la profundidad dramática de El Bosque del Olivar en San Isidro, que criminales avezados, dejan una noche sus quehaceres asesinos para que en esa oquedad gris y secreta, en el distrito de Barranco, compartir con su madre un plato criollo. Que profesionales del cine sin materiales, calculan la distancia y la luz para filmar, cada ángulo de su existencia porque están construyendo en el aire, minuto a minuto un filme eterno. Y sucede una muerte. Y la Lima nocturna se colma de pánico. La ópera de Dulce diamante es el quinto libro de Óscar Málaga, reconocido escritor brillante de la generación del 70. Perteneció al Grupo “Estación Reunida”. Estudió en Institut des Hautes Études de l'Amérique Latine - IHEAL. Radica en Auckland.
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Entrevista de Rosina Valcárcel. 
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La ópera de Dulce diamante (Summa, Lima-Perú, 2013) es una novela diferente. Razones y génesis. 
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La escribí en Beijing durante el año 1993, cuando era profesor de la prestigiosa Universidad de Comercio Internacional de Beijing y, además,  representante de una empresa española que me instaló una oficina con traductora y secretaria privada. Casi la totalidad de esta novela la escribí ahí. Mis ingresos eran bastante aceptables. En esas condiciones favorables la escribí. Creo que soy naturalmente poeta.  Es en esa naturaleza que nace mi necesidad de encontrar siempre caminos nuevos para mi escritura. Enfrento la escritura de una novela como si fuera un gran poema donde deberé de afinar el oído para elaborar una música de frases largas, donde sus revelaciones se darán en tiempos más extendidos, y donde la respiración gozará de mayor libertad. La literatura, sea el género que sea, es naturalmente música. Es la música la que permite que los significados lleguen al alma del lector. La buena literatura no busca que el lector comprenda, en un acto racional, cada línea de la novela. No, la buena literatura invade, posee, controla al lector, lo pone en un estado de gracia en el cual se establece una relación privilegiada entre la vida del lector y la vida de la novela. La novela es entonces un puente donde tienen una cita que no pueden rechazar y donde se van a encontrar el alma del lector con el alma de la novela.
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¿Novela negra o policial?  Son los hechos que impresionan más que los personajes, es deliberada esa intención?
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Desde este escenario puedo intentar una respuesta a tu primera pregunta. Solo me atrevo a escribir una novela cuando ya he intuido una nueva forma de decir. Y no me gusta copiarme. Cuando me siento a escribir una nueva novela vivo acosado por el terror y la euforia. Porque si acepto escribirla se que lo que haré será diferente a todo lo que he escrito, pero este ¨saber”  no me asegura que podré hacerlo. Es un reto que no controlo, cada mañana me despierto y lo primero que hago es verificar en mi cerebro si tengo historia y maneras nuevas de decirlo, cuando verifico que las tengo, entonces es un día feliz. Y trabajaré muchas horas tocado por un placer maravilloso, lleno de una sensación de plenitud que ni el amor ni sus infinitas maneras de hacerlo me han ofrecido. Es una sensación de totalidad, de estar sincronizado con la eternidad. Pero si sucede lo contrario, te despiertas y estás vacío, no tienes historia, no hay música, no descubre mientras tomas un café pedacitos de eternidad en tu conversación. Entonces entras en un gran infierno de donde tienes la seguridad no saldrás nunca, y entonces los días son duros de vivir. Sin embargo creo que más son los días que te despiertas luminoso y lleno de eternidad.
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El primer capítulo confunde durante un momento al lector. Pero poco a poco se va entrando y comprendiendo tu narrativa, además la tensión dramática de ese capítulo sorprende al final. 
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Mi novela La ópera de Dulce diamante no es una novela policial, tampoco una novela negra, creo que no es una clasificación literaria. Sucede que en París, a cierto tipo de literatura que trataba de la vida en el wild side de la ciudad, que sus héroes no eran tan héroes, donde circulaban policías corruptos, escritores que habían perdido la fe y abandonaban la máquina de escribir a cambio de las demoníacas y ricas botellas de bourbon, novelas que no se correspondían con los estrictos cánones literarios franceses y que venían como un aluvión de los EEUU, de sus grandes y caóticas ciudades, empezaron a publicarlas en una colección de tapas negras y que se llamaba la Serie Noire, bueno, mi novela no es una novela negra.  Mi novela es eso: una novela. Es verdad que hay un crimen, un policía, una investigación y un acusado, pero esto se presenta no como la capa más importante del texto, todo contrario, es solo una manera de hilvanar en una red (la novela) a los distintos personajes. De hacerlos encontrarse. Creo que es una novela de personajes, de la ciudad, de iniciación, donde cada personaje tiene y desarrolla un conflicto, donde los personajes son seres que viven con gran intensidad sus diferencias. Creo que mi novela es una novela sicológica de personajes. Y que los hechos que narra suceden durante una investigación policial.

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Hace diez años nació la idea de escribir La ópera de Dulce Diamante
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Bueno, la idea nació caminando por los lados  salvajes de la ciudad de Beijing. Era una ciudad de huecos secretos, donde sonaba el rock  de los años 60 y los jóvenes discutían de literatura, de la vida, de sus responsabilidades. Y así fui conociendo la literatura china y encontré una fuente de paz y de alegría. Los chinos no tienen miedo a lo fantástico, a los excesos, a lo arbitrario. Por ejemplo, en una novela que es unas de las más famosas en lengua china, Sueño en el Pabellón Rojo y que se estudia para conocer cómo funcionaba el mundo feudal, el protagonista, según la novela, nace con un jade en la boca. Y esto a nadie le llama la atención. Es así. Y me puse a leer literatura clásica china. Creo que esa es mi fuente de inspiración. Lo que me impulsó a aceptar el proyecto que ya danzaba en mi cerebro. La literatura, en especial la novela, debe de correr grandes riegos y escapar a la pequeña realidad. La novela debe de ser explosiva, poderosa, ir siempre más allá de la anécdota, más allá de lo real.
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Tu capacidad de escribir poesía no se opone a que puedas lograr intensa narrativa. Ello es un logro, es trabajo.
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La literatura es una presencia que se impone en nuestras expectativas, en nuestra vida cotidiana. Yo  no sé si es una fatalidad o una elección, en todo caso yo nunca la elegí, yo la acepté. Y soy feliz de haberlo hecho. A tu pregunta, creo que es un placer y un trabajo, porque quien tiene la presencia de la literatura en su destino goza con cada frase que logra y sueña con hacer la obra perfecta. Y eso, se sabe, solo se obtiene con un gran trabajo, con una gran alegría y con un gran dolor. Yo no he alcanzado ese nivel creativo. Yo estoy caminando.
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Tu novela ha sorprendido por su libertad creativa.
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Siempre pensé que la novela, en especial la escrita en español, perdió libertad creativa después de la aparición de esa obra cumbre que es Don Quijote de la Mancha. Desde entonces la literatura española no ha vuelto a producir una obra de tan vasta humanidad y con tanto remedio para el alma. Jamás obra literaria en español  ha vuelto a alcanzar esa dimensión mítica, que las enreda y las vuelve imprescindibles en el avance de lo humano. Jamás una novela había logrado penetrar tanto en la historia de una comunidad. Y modelarla. Novela sagrada, que leo y releo sin cesar, abriéndola en cualquier página y dejándola, igual, en cualquier otra. El Quijote fue la más audaz propuesta que  un escritor hiciera a un lector. Uno, iba a escribir sus delirios; el otro, a alimentarse de ellos. Y así fue. Y ese es el triunfo del Quijote, de su  inmensa capacidad creativa, de los amplísimos márgenes de libertad que impuso su autor para escribir esa novela.En el mundo moderno el cine es una pasión que se atreve a vivir sus  sueños.  Desde sus inicios sus planteamientos estéticos han  sido lo necesariamente maleables para ser infinitamente más audaz en sus propuestas que la literatura. Y en el ámbito de la cultura en español el cine tiene propuestas más audaces que las que propone la novela. Nunca he entendido porque una novela no puede ser tan imaginativa y creadora como lo es una buena o mala película.
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Qué autores que han influido en tu narrativa y en la novela reciente
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Bueno La ópera de Dulce diamante no es la última novela que he escrito. ES una de las primeras. La escribí el año 1993, hace ya veinte años. LA última corrección fue hace siete años. ¿Recuerdas? Desde hace tiempo esta es una novela que tiene lectores fieles. Andrea Cabel se la llevó a Europa. Clara Nelson y Alessandra Tenorio fueron lectoras ilusionadas y entusiasmadas, Ellas, más otros lectores de La ópera de Dulce Diamante, me ayudaron en la corrección y  mantuvieron mi fe de que iba a hallar editor. Creo que es mi novela más ambiciosa. Sin dudar diría que es mi apuesta literaria más arriesgada. Llegué a Beijing acompañado de varios libros. Eran de autores que los había leído en los años 70 y que me habían impresionado: Vonnegut, Pynchon, Brautigan, Adams.  Quería releerlos en la calma terrible de Beijing en esa época.  Sabía que leyéndolos en esa ciudad otras serían las palabras y la música que me descubrirían. Además, los leía  al mismo tiempo que devoraba literatura china, Liu Wen Fo,  Su Tong, etc.  Así fue. Creo que un libro nos descubre misterios diferentes según la ciudad y la edad en que lo lees. Esas fueron mis lecturas mientras escribía La ópera de Dulce Diamante.


Se te percibe un autor joven, con vitalidad singular pues llegas a cautivar al lector
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Creo que soy un narrador joven de mucha edad. Recién hace 25 años que escribo novelas. Bueno, el año 1978 escribí una en París, pero luego di por “eternamente” cerrada la experiencia. Recién el año 1992 empecé a escribir narrativa de manera continua. Creo que si lo que escribo puede capturar el interés del lector, conversar con él, eso me basta, lo que deseo es que mi novela pueda detener un instante existencial a una persona y en ese instante conectarlo con un cierto sentimiento de felicidad.
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Qué haces en Nueva Zelanda, cómo transcurre tu vida al lado de Xie Pei.
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Mi compañera Xie PEI, está dedicada al mundo de los negocios internacionales, y pasa más tiempo viajando por el Asia que en casa. Llevamos 17 años de relación. Ella es la primera persona con la que discuto cada novela que voy a escribir. Ella tiene la paciencia necesaria para soportar ese mes de una locura obsesiva terrible que se desata en mí. UNA vez que empiezo a escribir soy un loco silencioso y tranquilo. Ella es mi motor y yo soy el suyo. Estoy dispuesto a responder a sus preguntas y dudas a cualquier hora, sea de día o de noche, y sea que  ella esté a mi lado  o en alguna ciudad de Asia. Nueva Zelanda es un lugar muy tranquilo, pero mi inglés es muy malo, lo leo, pero hablarlo es una crisis permanente. Así que en realidad estamos siempre juntos y viajamos mucho.
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La filosofía y medicina oriental han gravitado en tu salud emocional y física
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Bueno, para mí ha sido fundamental mi encuentro con el taoísmo, con las antiguas religiones indias, aun las que se dieron antes de la invasión aria en el Siglo III, y con el Tantra, En ellas he hallado una gran claridad espiritual  y métodos de sanación efectivos. Soy un lector apasionado de todo lo que se refiera a esa vasta área de conocimientos desarrollada en Asia que son sus sistemas de sanación. Desde los diferentes tipos de masajes, las decenas de sistemas de meditación, el uso de la respiración como método de curación, y hasta los métodos tan particulares y reservados como los que propone el Tantra. Yo  sufro de Parkinson leve, un síndrome  degenerativo, pero mi inmersión en estas prácticas orientales,  en estas visiones del universo me han permitido detener el avance de este  síndrome Yo no sé si estas prácticas me sanarán, desde la perspectiva occidental, pero lo que sí sé es que ahora tengo las cosas más claras. Y mi relación con el otro es más fluida, más cercana. Más solidaria. 
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Lima, Perú/ Auckland, Nueva Zelanda, octubre-noviembre, 2013.