Escribir sobre los libros de Maruja Valcárcel exige que me detenga en la
poeta, sí: “la poeta”, tal como la llamaba César Calvo. La primera impresión
que tuve fue la sensación de estar frente a una mujer de carácter fuerte,
solitaria, no sola -hay diferencia entre ambas acepciones- que a medida que
hablaba fue rompiendo el cristal de ese blindaje para mostrarme a una mujer
sensible preocupada por las causas sociales, por el friaje en Puno, por la
miseria en nuestras regiones, por la casi nula atención a la cultura en un
momento cuando el Estado tiene recursos pero no políticas que velen por la
seguridad de nuestros artistas. Bordando suavemente
el viento, su primer poemario es un libro de reconocimiento y de homenajes, allí su destreza radica en devolvernos la
música del poema, el color desde una ventana donde reta a la ciudad
insomne. En Agua de luna, su segundo libro, el viaje es distinto. Ya no se
trata de poemas que fueron acopiándose por un registro de sonido sino por una
especie de bitácora donde fue apuntando el asalto de las emociones y la visita
de sus duendes y fantasmas. La preocupación ya no es por el lenguaje. La
preocupación fue por capturar la imagen para desarrollar otros elementos. Me
explico: La imagen de mi sombra, dice Maruja, pero la imagen no se queda allí, se extiende, le da
movimiento, la sombra se mueve, ella no habla de la sombra, habla de la imagen,
y la imagen es estática. Con este libro aprendemos a observar el poema
como quien observa la soledad de las casas de las gentes que están
deshabitadas, por eso las habita, les da color. Con Agua de luna, Maruja consolida un registro que fortalece la
tradición de nuestra poesía: la renueva, la revitaliza.
domingo, 5 de julio de 2015
UNA PUERTA
La literatura es libertad. El creador es un sujeto
insatisfecho porque sabe que su razonamiento no basta para traducir con
precisión lo que aparece con la fugacidad del relámpago. Pero lo intenta, afina
su intuición, le pone atención a sus sentidos, los desarrolla; construye
códigos de comunicación para por lo menos acercarse. Apela a su sensibilidad,
se apoya en el pincel para inundar el lienzo, se arma de valor frente al
caballete y le exige al pulso acercarse a esas apariciones que lo perturban, o
se sienta frente al piano para inventarse partituras, o se vale de una
guitarra, o de un acordeón o de una flauta; o pretende dibujarlas con el
lenguaje y se aventura al poema, al cuento o a la novela y viaja hacia sí
mismo: penetra en su fuero interno, se busca o se niega para encontrarse, para
mostrarle al mundo su capacidad de médium, de traductor, de intérprete. Crear
es una batalla cuerpo a cuerpo con uno mismo. La literatura salva o aniquila,
pero transforma siempre. La búsqueda es la no búsqueda, la única preocupación
del creador es capturar la imagen para reconstruirse a sí mismo, para que con
esa reconstrucción su existencia tenga sentido. La lucha es con el sentido. La
pelea es con esa extraña forma de alcanzar la perfección -no de buscarla-
porque el creador conoce la perfección, su dilema no es la búsqueda sino la
traducción, el cómo interpretarla, cómo darle cuerpo, cómo exteriorizarla.
Escribir transforma: el poema o la historia llega como una imagen y la
escritura la transforma. Nuestra capacidad de aprehensión no ha logrado
alcanzar aún la fugacidad de las imágenes. Esa imposibilidad de no capturarlas
es lo que empuja al creador a persistir y a los auténticos los torna
inconformes. Crear es una puerta.
.
(Artículo publicado en Expreso el 30 de junio de 2015)
FALLA, el precursor.
En Ricardo Falla la década del setenta tiene un
devoto militante. Hace más de cuarenta años
nucleó a un grupo de poetas con quienes formó Gleba: reunió a
Manuel Morales, a Jorge Pimentel, antes del nacimiento de Hora Zero. Después
fundó Nueva Humanidad y el cartel de arte y literatura Carta Abierta. Su
generación, una juventud que creció con el clamor de los estudiantes de mayo
del 68, la muerte del Che, la matanza de los estudiantes de Tlatelolco y el
fortalecimiento de las izquierdas, es la generación de la ruptura, de los
manifiestos; cuyo vuelo aún hace piruetas en el cielo latinoamericano
incitándolo a subvertir la forma que ha hecho de nuestra época una montaña de
libros que ha olvidado el corazón en alguna parte. Por eso entendemos por qué después de publicar cuatro libros de poesía
se haya retirado, no a sus cuarteles de invierno, sino a formar ciudadanos
comprometidos con el futuro de este país a quien le hace falta peruanos que
honren a sus maestros. Falla, sin abandonar la poesía, se dedicó a la docencia,
a la investigación, al perfeccionamiento del hombre que nos ha entregado
enjundiosos estudios sobre su proceso. Un poeta necesitaría negarse para
intentar apagar la llama que lo clasifica como tal y, a pesar del silencio,
siempre retorna al lugar de donde jamás debió partir y vuelve a la cosa pública
con músculos en sus palabras, con fibra para golpear, para contagiar a quienes
no dejaron de esperarlo y, después de publicar en revistas, regresó con Interludios, un libro en el que no solo nos
reconcilió con el poeta precursor de una generación sino con el hombre que
estuvo a solas golpeando como un pugilista el enorme saco de sus emociones
para, otra vez, caminar, con la misma vocación, entre nosotros.
.(Artículo publicado en Expreso el 28 de junio del 2015)
Foto: Sonia Luz Carrillo.
PAÍS COMBI
Perú
es un país donde las reglas no se respetan. ¿Es el único? No, pero sí somos un
lugar donde esos índices crecen espantosamente. Lo curioso es que todos somos
testigos (y culpables), pero nadie, o muy pocos, hacemos esfuerzos por revertir
esta situación. Vivimos tan sumergidos en la informalidad que ver una acción
distinta es casi extraordinario. Uno de aquellos pocos peruanos preocupados en
transformar esta tradición es Pedro Morillas, el empresario de
turismo que ha hecho suya la bandera de trabajar por el respeto. Para ello ha
escrito un libro como agente de cambio: País
combi, en donde cual cirujano social nos presenta un diagnóstico sobre las
enfermedades que padecemos. Cuando empezamos a leer País combi, confirmamos que los
síntomas de la informalidad y la ausencia de valores son alarmantes: vehículos
como una gran metáfora con conductores expertos en burlarse de la ley,
instituciones avasalladas por la ineficacia y la corrupción, ciudades que
crecen irresponsablemente, familias que llegan a los grandes centros de poder
por necesidad; una capital que debería mudarse, peruanos que hablamos todos los
días del cambio social y no somos capaces ni de pagar nuestros impuestos,
programas de televisión como prolongados repertorios de la burla y la tragedia,
expertos en potenciar el morbo de millones de televidentes, hambrientos por
enterarse de los traumas y la vida de una farándula intrascendente. Pedro Morillas a través de este agente de cambio no nos habla, nos grita
nuestra crisis, nos llama al ruedo, nos configura la gran tragedia nacional. El Perú como una combi
es una descarnada metáfora ¿Es tarde para revertir esto? No. Preocupaciones
como el voto obligatorio, la educación, las universidades, la falta de
autoestima, la inseguridad ciudadana; son los temas que –aconseja- deben ponerse
en el debate de la verdadera agenda nacional.
.(Artículo publicado en Expreso el 26 de junio del 2015)
PEDRO NOVOA, a secas.
Pedro Félix Novoa debe ser el
narrador peruano con mayores reconocimientos literarios, su talento y su
disciplina, propios de alguien que ha sido soldado cuatro años, han sido galardonados
con el Premio Horacio de Novela que organiza la Derrama Magisterial por Seis metros de soga y con el Premio
Internacional Mario Vargas Llosa por Maestra
vida. Pedro Félix Novoa es un escritor que puede jactarse de haber sido premiado por Miguel Gutiérrez, Alonso Cueto, Ricardo
González Vigil, Roland Forgues, Juan Armas Marcelo y el propio Nobel y que sin
embargo, a diferencia de muchos que eligen el ladrido hacia sus egos, Pedro
eligió redoblar la disciplina, multiplicándose entre las clases que dicta en la
universidad, el colegio y ese templo sagrado que significa el rincón de quien
fabula: la búsqueda como bandera y la sorpresa como resultado; su obra nos
devuelve al mejor realismo, directo, brutal, sin atenuantes. Su libro de
cuentos Cacería de espejismos y la
novela Tu mitad animal (ambos
publicados por el Fondo Editorial de la Universidad César Vallejo) nos
confirman a un narrador prolífico que ha hecho de la ciudad un escenario donde
los vitalistas y los metaliterarios bien podrían ser un pretexto para la
ficción, una necesidad retórica, un código de barras para su cosificación.
Finalista del Premio Herralde y del XI
Prix Hemingway, Novoa persiste en liberar a sus bestias con la ansiedad de un
hombre que hurga con serenidad el abismo y lo traduce con la sagacidad de un
estibador que aplica con exactitud el corte de su lámina. “Sólo lo que se esconde es profundo y verdadero”, promulgaba Cioran,
acaso esa es la máxima de Pedro y, por eso, su fijación de inquisidor, de
esteta seducido por el vértigo, por ese bien mayor que nos trasciende o
aniquila.
.(Publicado en Expreso el 25 de junio de 2015)
CCF
“Ese señor es Calderón Fajardo”, comentó
Antonio Moretti, señalándolo. Era el 2005. Un hombre delgado y alto cruzó
frente a nosotros rumbo al Haití. Carlos se dio cuenta que lo mirábamos, volteó
y nos saludó levantándonos la mano. Esa fue la primera de una serie de
encuentros en los que cada vez que nos veíamos nos saludábamos sin acercarnos.
“Nos mirábamos bajo sospecha”, me
dijo, sonriendo, en una de nuestras tantas reuniones. Yo había leído La consciencia del límite último, esa
joya literaria de nuestra modernidad que lo puso muy por encima de escritores
que gozaban de mayor popularidad -no de prestigio- cuyo lenguaje tenía esa
oscuridad que sabe cómo capturar al lector, esa intriga que me volvió a su vez
en un espía preocupado por la última columna de ese periodista que hizo del
cazador de moscas un mito, una leyenda urbana. CCF sin proponérselo se convirtió en una leyenda
urbana. No fue un escritor de culto. CCF fue un hombre que hizo de la literatura
su vida. Un hombre reconocido por la crítica, premiado, leído por multitudes,
un viajero empedernido, alegre, locuaz, un viejo sabio que disfrutaba
enseñándole a los escritores jóvenes escuchándolos, participando en sus
presentaciones, dándoles seguridad: importancia, un ejemplar padre de familia.
Un tipo con estas cualidades en la acepción natural no puede ser un escritor de
culto. Hace diez años dos muchachos lo vieron pasar por Miraflores y sabían
quién era ese escritor que volteó generoso a saludarlos. Lo que uno de ellos no
imaginó fue que tres años después tendría la posibilidad de participar en la
publicación de lo que sería la primera novela gótica del Perú y que compartiría
con él no sólo su amistad sino el compromiso de no claudicar en la literatura:
el verdadero viaje que nunca termina. Descansa en paz, maestro.
.
Publicado en Diario Expreso, el 24 de junio de 2015.
(La foto es de Nadia Rain)
viernes, 5 de junio de 2015
AÑORANZAS de Cristina Acha
Este miércoles 10 de junio en el local de la Universidad Cayetano Heredia, ubicado en la Av. Armendáriz 497, Miraflores, se llevará a cabo la presentación del libro AÑORANZAS de la escritora peruana radicada en Los Ángeles: Cristina Acha. El libro que es editado por Editorial Summa, tendrá como presentadores a los poetas Lucy Martínez Zuzunaga, fundadora de SIPEA, y a Harold Alva, gerente de Summa. La cita es a las 7:30 pm.
.
Sobre la obra, Lucy Martínez ha escrito lo siguiente: "AÑORANZAS, es una propuesta a la que Cristina le ha dibujado tres puertas
y una ventana. Inicia narrándonos las experiencias que la marcaron sobre varios
escenarios del mundo. Esa es su primera puerta. La segunda puerta nos traslada al paísaje más íntimo: el aura de su
hija a quien le escribe con tanto desgarro que quienes la leemos no podemos
evitar conmovernos. La tercera puerta nos
permite ponernos cara a cara frente a la poesía, frente a sus versos. La Bendición celta e Incomprensión marcan una poética de infinita sensibilidad que
culmina con el canto para Octavio Paz a quien con un ejercicio de conocimiento
le dedica uno de sus más logrados poemas. Finalmente Cristina nos dibuja una ventana
para escucharla , ajena de retoricismos, de licencias, libre
de cualquier figura literaria."
.Será una noche de reencuentro con la memoria. Los esperamos.
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