domingo, 4 de octubre de 2015

ESCRIBIR SOBRE EL PADRE


El hijo retorna a la casa del padre a recoger sus pasos. Observa el Volkswagen, regresa a las paredes, a los cuadros desde donde vuelve a sentir la voz del viejo, sus palabras, repasa las fotos como quien pretende simultáneas regresiones para evitar el dolor de la ausencia, la angustia que cae con todo su peso sobre su corazón, sobre sus manos que saben que nunca más volverán a apretar sus manos. Piensa en la Monark que yace oxidada y estática sobre la que alguna vez despidió su infancia. Se detiene en la foto al fondo del salón, en la camisa, mira el retrato del pasadizo, y de nuevo la nostalgia, la certeza de la pérdida, el vacío que se agiganta. Raúl Mendoza Cánepa ha perdido a su padre, pero no es a través de una novela o de un relato, la estructura que utiliza para protegerlo del olvido, sino un poema con el que ha logrado rescatarlo para entregarlo a sus lectores. “Retratos de mi padre” es el libro de poemas con el que Raúl Mendoza Cánepa fortalece una tradición que empieza con Manrique y continúa con Justo Jorge Padrón que tiene en la figura del padre un motivo para reinterpretar la historia. RDMP es una obra que sorprende por el manejo de los tiempos y la precisión de sus encabalgamientos, un libro que pese al dolor, a la emoción fresca, no cae en el sensibilismo. Virtud que sólo un verdadero escritor puede asumir para lograr la trascendencia. El autor de “La invención del reino” y “La tentación infinita” vuelve a dejar de lado al abogado y ensayista para demostrarnos que su talento se impone cuando regresa a la lírica. Encomiable en alguien cuya tradición judeocristiana no opaca el estremecimiento propio de quien redacta desde la orfandad o la tristeza.   
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(Publicado en Diario Expreso)


SOBRE LA MUERTE DE LAS ARAÑAS de Adrián Alberto


¿Cuál es la siguiente batalla de un poeta después de luchar contra la página en blanco? ¿Qué sigue luego de reconocerse en el poema? Dejar el poema allí o exteriorizarlo. Para muchos publicar es algo muy delicado, por eso cuando un poeta se atreve a dar ese paso, quienes hemos venido siguiéndole la pista, lo esperamos con singular expectativa. Expectativa mayor cuando el poeta tiene sobre sus hombros la enorme responsabilidad de haber crecido en un lugar de tradición imponente. En eso pensé cuando Adrián Alberto, joven poeta trujillano, anunció hace algunos meses la publicación de su primer libro; una obra que al terminar de leerla me detuvo sobre varias interrogantes. ¿Cuál es el aporte de Adrián Alberto a una tradición que va más allá de su natal Trujillo? Sin duda: el riesgo. Un poeta es tal cuando, después de manejar con destreza el lenguaje, en vez de escribir preocupado por la música, lo quiebra, rompe con su tradición, la reconfigura exponiéndose. Cuando Adrián Alberto apela a las interjecciones o resemantiza el mar, la muerte o el desierto, la preocupación, si acaso existe alguna, no es con el resultado del poema, sino con lo que pretende configurar como emociones, por eso conmueve, por eso captura, por eso convence. “Sobre la muerte de las arañas” es un libro que nos devuelve a una tradición en la que el poema no se queda en el texto, aquí el poema tiene movimiento, se desplaza, dialoga con los elementos que asisten a su construcción. La virtud de Adrián Alberto es que cuando uno lo lee, escuchamos a un poeta sin edad, cuyas cartografías son un puente entre lo que Trujillo le ha entregado al proceso de nuestra literatura con la proyección de una poética que nos sigue dando lecciones de riesgo y de belleza. 
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Publicado en Diario Expreso

domingo, 26 de julio de 2015

LA MELODÍA DE UN SALVAJE


Siempre me ha demandado esfuerzo pretender interpretar la poesía de mis maestros. Óscar Málaga es uno de mis primeros maestros. Siempre elegí quedarme en ese estado de shock o deslumbramiento al que me arrojan sus poemas. Algo como quedarme con la imagen de esa pintura a la que no pude mirar fijamente porque sus colores perturbaban en mi memoria o en mi modo de responderle a la vida. Me pasó eso la primera vez que leí un poema de Málaga. Tenía quince años y estaba en el colegio, llevaba el famoso curso de literatura peruana que en aquel entonces todavía me sorprendía por la libertad en el lenguaje de las propuestas de los poetas posteriores a 1920. Habíamos llevado poesía española en tercero y a esa edad resonaban vigentes Lope de Vega, Quevedo, Jiménez, Machado, la generación del 27. Y hasta allí nomás, hasta la generación del 27 donde precisamente nunca llegamos a Poeta en Nueva York sino al Lorca de Romancero Gitano.
En el curso de Literatura Peruana, lo usual era que el profesor compartiese poemas de estructura conservadora, textos “que se puedan leer en el aula”, sin embargo, tuve la fortuna de tener un joven profesor que nos entregó las copias de una antología donde leí por primera vez un poema de Málaga, donde leí por primera vez un verso que hizo que mire más allá de los pocos libros de poesía que escasamente poblaban la biblioteca de casa: “Y tú, déjate de huevadas” decía el verso de Málaga y efectivamente me dejé de huevadas y empecé a seguirle la pista no sólo a él sino a los poetas que arriesgaron todo en su lenguaje con la sola intención de decir la palabra sin maquillajes y sin trampas. Honestos en su sensibilidad, honestos en su discurso.
            Arquitectura de un puente y posteriormente El libro del atolondrado, me reafirmaron a un escritor que siempre tuvo consciencia que la poesía es un sacerdocio que se ejerce con coraje y que la palabra es sólo un instrumento para entregarnos el mundo con la suavidad o la violencia de sus ánimos porque cuando llegue la hora de partir retornará a la orilla. La puerta es de hierro. Y cada charco tiene su propia profundidad. Miles de universos… tal como lo explica en La noche tiene el olor del cuero negro, uno de los poemas de Libro del  atolondrado.
            Óscar Málaga nos pone el mundo a los ojos, nos entrega sobresaltado una preocupación apocalíptica de la poesía. Su poesía es apocalíptica porque él vive contemplando el abismo, porque sabe que más allá del siguiente paso está el abismo, porque para los poetas más allá de cualquier paso sólo está el abismo: La salvaje melodía del aire es la bitácora de un escritor que tiene como personaje a un testigo del abismo.
            Dividido en seis ventanas con dos poemas puerta como advertencia de una sensibilidad natural y que no entiende, acude a la música y la pintura para organizar una cartografía intramuscular para desde allí puntualizar lo que el ojo y su sensibilidad captura. Y lo que captura es el golpe violento de una época terrible donde la poesía le significa todo y es nada. Y elige a Van Gogh y su campo desolado de trigo con cuervos, donde el poema muta en aquellos pájaros que caen como una nube negra porque el universo se le desmorona y no tiene nombres para ponerle a las calles. Entonces el poeta las cruza y luego se detiene para inscribir un registro más allá de la música. Un réquiem para atraparnos y asumir su inmortalidad sobre esta cosa salvaje donde cada mañana descubre que el desierto lo invade. Eso tal vez explica por qué eligió a Gene Vincent para tributarle su concierto: la poesía de un salvaje para cantarle a ese rebelde con una lesión en la pierna. Y retorna al color en su homenaje a Matisse y lo interviene en nueve poemas que bien podrían ser objeto de estudio para desarrollar una investigación de su arte poética.

Todos tenemos derecho
A interrumpir
El avance de un poema.
Detengámonos en el momento
Que la camarera te mira
Y mientras cierras
Tus cuadernos
Donde escribiste toda la tarde,
Ella te sonríe
¿Poeta?
Y tú le sonríes en silencio
Me encanta la poesía
Y huyes
Tranquilo.


 Poetas Luis La Hoz, Óscar Málaga, Miguel Ángel Zapata

Estoy seguro que Óscar Málaga necesitó romper con occidente y acudió a la sabiduría ancestral de los orientales para desde esa calma atreverse a escribir este libro, esta melodía que si bien podemos escucharla como quien escucha atento el blues de una rockola, tiene ese aliento épico de los grandes libros que sólo pudieron escribirse en épocas siniestras. Leo a Óscar Málaga y sólo leyéndolo puedo interpretar el espíritu de una generación que fue el inicio de las propuestas de ruptura que empezaron a consolidarse en los setenta. Aquí no hay conservadurismos, aquí hay un hombre que canta con su voz bronca, aquí hay un poeta que se afirma con la oscuridad de quienes no les importa el rigor estético porque su disciplina radica en otro ritmo que nada exige porque el suyo viene con la estrepitosa carcajada de un mundo que empezó a destruirse en nuestras narices.

La poesía
Está siempre ahí,
Natural,
En el extremo
Más ensangrentado del océano.
Como un acantilado
Exigiendo que te arrojes al vacío.

La salvaje melodía del aire es un libro épico y apocalíptico cuya preocupación es el poema y, en esa preocupación, el amor es el hilo que lo sostiene, sin embargo, la forma de hacerlo explícito no es  a través de palabras edulcoradas, sino a través de una sucesión de imágenes como un diálogo de ciudades, de hábitos, de profundas inquietudes y certezas, aquí está Gene Vincent, Van Gogh, Matisse, el Zambo Tang, el cementerio de Glen Cove, las fosas comunes de Cayara, el templo de San Fen Shan, los bares, las plazas públicas, aquí está Xie Pei y la música salvaje a la que ahora nos retorna, Óscar Málaga, el dulce y sincopado maestro de la más urbana orquesta.   

viernes, 17 de julio de 2015

TODOS A LA FIL


Siempre me ha sorprendido cómo a lo largo de tanto tiempo el Estado no le haya dado importancia a la realización de un evento mayor que convoque a todos los actores del libro (escritores, distribuidores, editores, agentes literarios, etc.). Por eso en 1946 un pequeño grupo de editoriales, distribuidoras y libreros se nuclearon en torno a lo que fundaron como la Cámara Peruana del Libro, institución que hoy inaugura su vigésima Feria Internacional. Un acontecimiento que reúne a los actores culturales que tiene como objetivo promover la democratización del libro y la lectura. Hasta aquí todo se lee muy bien, es encomiable, sin embargo, como sucede en otras instituciones, la CPL ha tenido historias que no la honraron durante varios períodos como aquel cuando dicha entidad estuvo presidida por Jaime Carvajal, quien renunció por un escándalo que lo involucró a él, al ex ministro de educación y al propio ex Presidente de la República, vinculados los tres a una conocida librería. Ahora es Germán Coronado quien está al frente de una CPL con aires independientes, acaso el mismo espíritu al que hace una década, el gerente de PEISA, apeló para fortalecer PUNCHE y posteriormente ALPE, dos colectivos en los que promovió la participación de los jóvenes sellos editoriales alternativos e independientes. Si bien esta FIL no logró traer a un Nobel su programa se presenta variado y garantiza una fiesta en donde los lectores serán los mayores beneficiados. Ojalá y algún día sea el Ministerio de Cultura quien rompa el monopolio de la FIL, como sucede en otros países con gobiernos responsables. Mientras tanto celebremos hoy la inauguración de este acto cultural y reencontrémonos con los escritores y las editoriales que se han preparado con expectativas para el desarrollo de esta fiesta.

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(Artículo publicado el viernes 17 de julio en Expreso) 

martes, 14 de julio de 2015

HOY DÍA: ZAPATA


“Miro la palabra que se clava con la luz en la ventana soleada: la palpo con la sombra en el umbral que no se dice”, reza uno de los versos de Miguel Ángel Zapata, el poeta piurano radicado en Nueva York, a quien Valparaíso Ediciones (Granada), uno de los sellos españoles más prestigiosos, le acaba de publicar “Hoy día es otro mundo”. Medito sobre ese final: “en el umbral que no se dice” y me pregunto por qué un poeta con un registro verbal tan importante y reconocido por escritores de la talla de José Emilio Pacheco, Álvaro Mutis y Carlos Germán Belli es tratado con tanta mezquindad en nuestra aldea: una plataforma ruin donde quienes acapararon los medios pretenden invisibilizar lo contundente, lo real, lo verdadero. Fue Javier Sologuren quien publicó el primer libro de Miguel Ángel Zapata en Lima: “Imágenes los juegos”, un poemario cuya riqueza verbal lo puso muy por encima de una promoción de escritores que en aquel entonces –la década de los 80- lidiaban entre la poesía del cuerpo y un coloquialismo decadente que consolidó un canon (con excepciones como Chirinos, Salazar y Di Paolo) que ha ido desconfigurándose con el trascurso de los años. Zapata reconfiguró las propuestas poéticas de aquel entonces y se incorporó a una generación (latinoamericana) que tiene entre sus principales exponentes a Iván Oñate (Ecuador), Néstor Perlongher (Argentina), Eduardo Espina (Uruguay) y Marco Antonio Campos (México). Ése es el contexto de la propuesta escritural de Zapata, esa es la dimensión que le permite ser considerado más allá de nuestra periferia como una voz a la que no se puede pasar por alto, a la que hay que retornar para saber cuáles son las coordenadas de lo que hoy se está escribiendo. “Hoy día es otro mundo” consolida su poética. 
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(Artículo publicado en Expreso el 14 de julio de 2015)


domingo, 12 de julio de 2015

LAS ANTOLOGÍAS


Que la narrativa peruana actual cuente con autores de primer nivel, resulta un lugar común. Citar creadores como Carlos Yushimito, Miguel Ruiz Effio, Marco García Falcón, Yeniva Fernández, Francisco Ángeles, Alina Gadea, Juan Manuel Robles, Daniel Alarcón, Augusto Effio, Jeremías Gamboa, Pedro Novoa, Santiago Roncagliolo, Jennifer Thorndike, Carlos Rengifo, Diego Trelles, José Lalupú, Sandro Bossio, Carlos Enrique Freyre, Gabriel Rimachi, Yoshiro Chávez, Antonio Moretti, Christian Reynoso, Ronald Arquíñigo, Ernesto Carlín, Rosario Cardeña, Johan Page, Orlando Mazeyra, Alexis Iparraguirre, Cosme Saavedra, Alejandro Neyra, Fernando Cueto, Pedro Llosa o Luis Hernán Castañeda y, con ellos, Miguel Ildefonso, José Carlos Yrigoyen, Jerónimo Pimentel, Víctor Ruiz, Renato Cisneros; es un lugar común. Que se publiquen libros a los que se pretenda catalogar como antologías para legitimar o para proponer un nuevo canon, es un lugar común. Que las editoriales promuevan estos libros para marcar algún tipo de tendencia, también es un lugar común. Las editoriales, como cualquier otra empresa privada, sobreviven o se mueven de acuerdo al mercado, hacer lo contrario resulta de beneficencia o de instituciones subsidiadas por algún tipo de fondo que en el Perú no existe. “Antología” según la RAE es una colección de piezas escogidas de la literatura dignas de ser destacadas: extraordinarias, puntualiza. Entendemos entonces que el criterio del antólogo será subjetivo. Lo extraordinario para “X” para mí puede resultar ordinario, y viceversa. Mal hacemos cuestionando porqué éste u otro autor fue incluido o excluido. Toda antología es excluyente. Será responsabilidad del juicio del antólogo tratar de ser lo más objetivo posible para que su selección sea representativa y pueda significar un aporte. La responsabilidad del editor termina con la confianza que le deposita al compilador. Será él quien discernirá si el suyo será un aporte para la historia o el mercado. El resto siempre será ladrido o especulación.
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(Publicado en Expreso el domingo 12 de julio de 2015)

sábado, 11 de julio de 2015

LA OTRA SELECCIÓN


Quienes me conocen saben que conmigo el fútbol no va. Todavía sueño con que algún día todo el dinero que se invierte en estadios o en publicidad se utilice comprando libros y construyendo bibliotecas. Eso no me impide, por supuesto, estar al tanto de los mundiales o de la famosa Copa América. Escribo esto pensando precisamente en su último campeón. Leo apasionados textos denunciando irregularidades, cuestionamientos a Chile, a sus jugadores, a los árbitros y lo que debió ser un pretexto para fortalecer nuestras relaciones y funcionar para sellar un nuevo pacto con las hermanas repúblicas de América, aquello que conocemos como deporte se convierte en una plataforma de guerra en donde circulan improperios de todo calibre. Vuelvo entonces a los libros, medito en cómo fortalecer las relaciones bilaterales más allá de una pelota y de veintidós sudamericanos corriendo de un lado a otro sobre el césped. Observo uno de los estantes y es como si al frente me esperaran para saludarme aquellos peruanos que partieron al sur para prolongar sus vidas: leo un título de Luis Alberto Sánchez, otro de Ciro Alegría, identifico “Alma América” de José Santos Chocano; pienso en la editorial Ercilla, recuerdo los libros de Carlos Germán Belli y de Antonio Cisneros que LOM publicó en Santiago, recuerdo a Nicanor Parra, ese maravilloso viejo centenario, evoco a Neruda, a Mistral, pienso en Pablo de Rockha, en Gonzalo Millán, en Raúl Zurita, pienso en Maquieira, en Rojas, en Cameron, en Teillier; recuerdo mis días en Concepción, en Temuco, en Valdivia, con la generosa compañía de Omar Lara, el poeta de “Voces de Portocaliu”, olvido el fútbol, y continúo concentrado en aquellos libros con los que aprendí a mirar Chile como otra selección, como el inicio o el final de esta América Latina.
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(Artículo publicado en Expreso el sábado 11 de julio de 2015)